«Existe un contraste brutal entre la reputación de Johnson & Johnson y su comportamiento real»
Para entender la historia reciente de Estados Unidos y, por extensión, la del mundo contemporáneo, bastaría con analizar el producto más vendido de Johnson & Johnson en cada década: desde los polvos de talco para la generación del «baby boom», pasando por el analgésico Tylenol (paracetamol), los primeros antipsicóticos o el fentanilo, que desde hace años está siempre de trágica actualidad.Pero esa evolución comercial es, al mismo tiempo, el relato de cómo una multinacional ha gestionado sucesivos escándalos corporativos .
En su explosivo libro 'No llores más: Los oscuros secretos de Johnson & Johnson' (Capitán Swing, 2026), Gardiner Harris —que cubrió la industria farmacéutica para 'The New York Times' o 'The Wall Street Journal'— desentraña una trama de negligencia, «marketing» ilegal y corrupción que, según sus estimaciones, ha costado la vida a más de dos millones de personas solo en Estados Unidos, con ramificaciones trágicas que también alcanzaron a España.En entrevista a ABC, Harris desmenuza los entresijos de una investigación que le ha costado amenazas, bloqueos editoriales en varios países y un exhaustivo escrutinio legal que redujo a la mitad el manuscrito original.
No obstante, en las más de 500 páginas resultantes, sostiene que el gigante sanitario operó durante gran parte de su historia moderna con prácticas propias del crimen organizado , respaldado por un ejército de abogados y una Agencia del Medicamento (FDA) progresivamente colonizada por los intereses de la industria a la que debía vigilar.— Desde los años 50, Johnson & Johnson ha contado cada década con un producto superventas elevado a icono cultural, del polvo de talco al paracetamol o el fentanilo.
Pero su libro también relata cómo cada producto conllevó un escándalo y, en cierta medida, sirvió de aprendizaje para tapar el siguiente.— Es una historia de la sanidad estadounidense, que, como sabe, es a la vez la mejor del mundo y la peor.
Hay enormes contradicciones, servidores públicos maravillosos, pero también una cantidad ingente de corrupción.
Y esa corrupción surge fundamentalmente de que, en Estados Unidos, Johnson & Johnson puede pagar a los médicos para que actúen como comerciales a tiempo parcial.
Eso subyace en la corrupción de todas estas historias: la de los opioides, la del antipsicótico Risperdal... los opioides nunca habrían llegado a ser tan graves si a las grandes farmacéuticas se les hubiera prohibido pagar a los médicos. «La sanidad estadounidense es a la vez la mejor del mundo y la peor»El poder corruptor del dinero es notable, porque muchos de estos médicos se engañan a sí mismos pensando que hacen lo correcto mientras aceptan dinero extra, justificando que prescribirían esos fármacos de todos modos y que el dinero es insignificante.
Y eso es falso.
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