La psicología dice que las personas menores de 65 años que tienen perro son más felices que quienes viven con un gato
Un estudio japonés concluye que las personas menores de 65 años con perro son más propensas a declararse felices que quienes tienen gato o no tienen mascota.
La diferencia en niveles de felicidad es especialmente clara entre mujeres y adultos jóvenes, mientras que entre mayores de 65 años la diferencia desaparece.
Los paseos y rutinas asociadas al cuidado de los perros pueden aumentar el ejercicio, la estructura diaria y el contacto social, factores vinculados con mayor bienestar psicológico.
El estudio no encontró una relación significativa entre tener gato y una mayor felicidad, aunque los gatos también brindan compañía y vínculos intensos.
Convivir con un animal puede aportar compañía, afecto y una rutina diaria, pero sus efectos sobre el bienestar no parecen ser iguales para todo el mundo. Una nueva investigación sugiere que incluso puede importar qué mascota comparte la casa con nosotros.
El estudio, realizado por investigadores de la Universidad de Yamagata , en Japón, observó que las personas con perro presentaban una mayor probabilidad de declararse felices que quienes tenían gato o no convivían con ningún animal. La diferencia resultó especialmente clara entre las mujeres y los adultos menores de 65 años.
Para llegar a esta conclusión, los científicos analizaron la información de aproximadamente 10.400 adultos que participaron en el Estudio de Cohortes de Yamagata. Los datos fueron recogidos entre 2021 y 2022 en el nordeste de Japón e incluían tanto el tipo de mascota como la percepción personal de felicidad.
Los participantes fueron divididos entre propietarios de perros, propietarios de gatos y personas sin mascotas. Según los resultados publicados en la revista científica Anthrozoös , quienes convivían con un perro tenían un 41% más de probabilidades de considerarse felices o muy felices que quienes no tenían animales.
La asociación no apareció con la misma intensidad en todos los grupos. El efecto favorable relacionado con los perros fue más evidente entre los menores de 65 años , mientras que entre las personas de mayor edad la diferencia se reducía y dejaba de ser tan clara estadísticamente.
Los autores también encontraron variaciones según el sexo. La relación entre tener perro y declarar un nivel elevado de felicidad fue especialmente visible entre las mujeres. En cambio, convivir con un gato no mostró una asociación significativa con una mayor felicidad frente a no tener mascota.
Esto no significa que un gato haga infeliz a su propietario ni que carezca de beneficios emocionales. El resultado indica únicamente que, dentro de la población estudiada, los dueños de gatos no presentaron una probabilidad estadísticamente mayor de situarse en las categorías superiores de felicidad.
Una posible explicación está en las diferencias que existen entre las rutinas asociadas a cada animal. Un perro necesita salir varias veces al día, lo que puede aumentar el ejercicio físico, el tiempo al aire libre y las oportunidades de hablar con vecinos u otros propietarios.
Pasear al animal también introduce horarios, obligaciones y pequeñas metas cotidianas.
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