Jaime Lorente debuta como director con 'El mal hijo': «Jamás me he dedicado a esto por la alfombra roja»
Jaime Lorente (Murcia, 1991) llega a la Casa de ABC tras una mañana atravesando Madrid de entrevista en entrevista.
Sería lo habitual en su carrera, pero no lo es.
Porque nada de este ajetreo tiene que ver con una nueva temporada de 'La casa de papel' o de 'Élite', fenómenos de masas que lo catapultaron a una exposición pública en la que, reconoce, no se siente cómodo del todo.
Si el murciano está aquí es porque ha dado el salto a la dirección, un giro copernicano a su carrera en la que se despoja de lo que el mundo esperaba de él para convertirse en un autor que mira a los márgenes de la sociedad con compasión y elegancia.
Porque hay mucha «ética y estética» en su ópera prima, que ha titulado 'El mal hijo'.
Una historia de relaciones familiares, del peso de la culpa y de las vidas al límite provocadas por la enfermedad de la adicción que parte de la novela homónima de Salvador S.
Molina. -¿Qué tenía esta historia que le tocaba tan de cerca?-Todos los proyectos que valoré antes para dirigir tenían una connotación autoral muy fuerte y en todos trabajaba los esquemas familiares creados para sostener a una persona que sufre una adicción.
No quería centrarme en el periplo del enfermo, sino en lo que sucede a su alrededor.
Cuando llegó esta novela, tenía todos los elementos que buscaba: los cuidados, la búsqueda incesante de amor, la falta de gestión emocional y la violencia heredada que quería reflejar en mi película.-En todas las óperas primas suele haber un componente muy personal. ¿Qué hay de su vida en este 'mal hijo'?-Comparto un poco con cada personaje.
Con el padre, comparto una etapa de oscuridad importante en mi vida; haberla atravesado me permite mirar al personaje sin juzgarlo, algo que me parecía fundamental, ya que el contexto social es otro de los grandes protagonistas de la película.
Me pregunto qué habría sido de este padre si hubiera tenido la oportunidad de ingresar en un centro de tratamiento sin que costase una fortuna.
Con Rubén (el hijo) comparto esa falta de gestión emocional, esa manera de intentar recoger lo que puede de su vida y terminar gestionando las avalanchas de emoción a través de la autodestrucción.
Pero también comparto con la abuela y con Rubén esa necesidad de cuidar, de ser cuidado y de priorizar el amor.
He intentado que la película tenga un halo esperanzador: a pesar de los conflictos tan duros, los personajes siempre terminan eligiendo el amor como una decisión y un trabajo diario.-El actor Diego Luna contó aquí que su primera película como director surgió tras ser padre, ya que la paternidad cambió su necesidad de contar historias y tener una voz propia. ¿Esa ansiedad por narrar le ha llegado también con la paternidad?-Creo que tiene mucho que ver con la paternidad y con momentos vitales míos.
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