España busca su lugar en la revolución industrial de los semiconductores
España ha perdido la oportunidad de fabricar los microchips que mueven nuestros teléfonos inteligentes, coches y ordenadores.
Sin músculo financiero ni industrial para competir con mega instalaciones de producción masiva –como las que el gigante TSMC tiene en Taiwán o Intel en Estados Unidos, con inversiones multimillonarias–, nuestro emergente ecosistema de semiconductores sigue otra hoja de ruta para abrirse hueco en nuevos nichos de alto valor añadido.
La idea es responder a las nuevas demandas que empiezan a surgir, impulsadas por el avance de la inteligencia artificial, los centros de datos, la computación cuántica y sectores críticos como la defensa, el aeroespacial y el vehículo eléctrico.Una industria nacida al amparo del Perte Chip que afronta ahora un punto de inflexión: su horizonte de inversión y ejecución llega hasta el año 2027, es decir que el programa toca a su fin y, si no se garantiza la continuidad de las inversiones en el medio y largo plazo, el futuro del sector podría quedar en el aire.Somos grandes diseñadores de la arquitectura del chip (fabless) pero sin plantas físicas para fabricarlos (foundry).
Estamos a la vanguardia europea en el desarrollo de la siguiente generación de circuitos integrados fotónicos.
Destacamos en la investigación de nuevos materiales semiconductores que sustituirán a las tradicionales obleas de silicio donde se graban los circuitos.
Se trabaja con grafeno, diamante sintético o fosfuro de indio (InP), entre otros.
Además hemos impulsado la I+D desde las universidades para favorecer la colaboración público-privada mediante 17 cátedras que también formarán a nuevos profesionales.
Contamos con la red ICTS Micronanofabs, un conjunto de salas blancas para diseñar, probar, fabricar y transferir microchips avanzados a nuestras empresas.
Capacidades que sirven para posicionar a España como pieza clave dentro del objetivo europeo de captar el 20% del mercado global de semiconductores para 2030 (hoy no llega al 10%).Un error estratégicoEl intento inicial del Gobierno español, a través del Perte Chip, aspiraba atraer a alguno de los grandes actores mundiales para levantar una megafábrica de microchips en el país.
Pero la empresa estadounidense de circuitos integrados Broadcom finalmente declinó construir tal instalación en nuestro territorio.
Y también Intel, que ya ni siquiera levantará una nueva planta en Europa sino que invertirá 5.000 millones de euros para ampliar la capacidad de producción en su campus de Leixlip (Irlanda). «Intentar atraer este tipo de fábrica era erróneo.
Quisimos apostar por lo más avanzado: chips para teléfonos inteligentes, ordenadores… Pero esto no encaja en Europa.
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