Cementerios sin lápidas y fronteras protegidas
Anadie que siga con cierta atención la actividad papal le habrá pasado inadvertido que en alguna de sus más recientes intervenciones León XIV ha matizado o adaptado los mensajes sobre inmigración lanzados durante su visita pastoral a España, respondiendo de forma específica –a veces expresa, a veces tácita– a la invasión bárbara padecida en Ceuta .
Por supuesto, tales matizaciones no implican ninguna renuncia o claudicación en los principios morales de la doctrina social católica, sino en sus aplicaciones prudenciales; pero son matizaciones sumamente reveladoras.Todos recordamos el desgarrador discurso de León XIV en el muelle de Arguineguín , donde proclamó que «Europa no puede proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas».
Y ha sido justamente en el paraje donde Mediterráneo y Atlántico juntan sus aguas donde el mar volvió a convertirse, durante la invasión bárbara padecida en Ceuta, en un «cementerio sin lápidas».
Pero en el ángelus del 2 de agosto, León XIV no puso el énfasis en esa nueva hecatombe, sino que clamó para que «se puedan encontrar soluciones de paz, de estabilidad y de justicia».
Eran, evidentemente, palabras calculadas al milímetro, calibradas y sopesadas por la diplomacia vaticana, que no pusieron el énfasis en el deber de 'acogida', ni denunciaron ningún atentado contra la 'dignidad humana', sino que introdujeron un concepto nuevo, 'estabilidad', que acompañando al de 'justicia', implicaba un reconocimiento implícito de que las avalanchas inmigratorias desestabilizan a las sociedades receptoras; y también la legítima necesidad de un orden legal justo que las controle, combata y disuada.Si no me equivoco, era la primera vez que un Papa aplicaba de manera explícita el concepto de 'estabilidad' para referirse directamente a la situación de un territorio sacudido por una avalancha migratoria.
León XIV estaba reconociendo que Ceuta era víctima de una agresión descontrolada que lesionaba muy seriamente su pacífica existencia (algo que los hechos posteriores no han hecho sino confirmar); y que tal agresión requería soluciones justas que le devolviesen la estabilidad.
Huelga decir que tales soluciones sólo las pueden brindar las leyes y la acción política.
En junio el Papa había pedido a los españoles «abrir el corazón y las leyes»; tras la invasión bárbara de Ceuta demandaba una solución que garantizase la estabilidad y la justicia.
Desde luego, hay un cambio retórico evidente; pero también sustantivo.No es la única matización que León XIV ha introducido en su discurso.
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