Las tentaciones del autócrata
A algunos les impresiona el término autócrata aplicado cada vez más a menudo al presidente del Gobierno, como si se cuestionara la vigencia del sistema democrático.
En realidad, retrata la deriva de un dirigente dispuesto a tensarle las costuras al sistema despreciando las instituciones.
Con todo, si uno se siente mejor así, puede optar por «líder autoritario», como hace Gideon Rachman en su celebrado ensayo 'La era de los líderes autoritarios: cómo el culto a la personalidad amenaza la democracia en el mundo', ante la proliferación de un tipo de gobernante que entiende el poder de manera personalista y populista, y que no duda en debilitar las instituciones a su interés.
Esta tendencia, como apunta el propio Rachamn, «no se limita a los sistemas autoritarios, ahora también es habitual en políticos electos en democracia».Las tentaciones del autócrata, o líder autoritario, pasan por erigirse en el depositario de los poderes del Estado, formales e informales.
Un rasgo canónico, apunta Rachamn, es la intolerancia al control de jueces y periodistas.
Sánchez lleva toda la legislatura tratando de desacreditar a los tribunales y dictando sentencias por los platós: ¿El fiscal general ? Inocente. ¿Su mujer? Una cacería. ¿Zapatero?… A los periodistas también les da lecciones de cómo hacer su trabajo, como a los jueces.
Seudoperiodismo es toda información crítica.
Con la investigación sobre su mujer, el partido activó unas cloacas contra jueces, fiscales y policía judicial… y la 'inteligencia' sanchista habló de «golpismo judicial y mediático».
Y sus blancos no acaban ahí.
Ya avanzó que puentearía el poder legislativo, como ha hecho en cada sesión de control y usando la Mesa como una Delegación del Gobierno.
Ha gobernado a golpe de decretos y ahora avanza fraudulentamente con una Diputación Permanente de dudosa constitucionalidad por su aritmética asimétrica.
La campaña va a ser una tómbola de decretos y reparto del presupuesto.
Y para todo lo demás, el Tribunal Candiducional.Ahora toca subir las revoluciones del populismo, consustancial a ese tipo de líderes.
Sánchez no da por perdido el poder y la campaña va a ser un festival de maniqueísmo turbopopulista: «con Maricarmen o con los buitres», «derechas o derechos», «con los desahuciados o con los aticazos», «nietos del franquismo o nietos del exilio»… todo de manual.
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