Turquía da el mayor paso hacia el fin del conflicto con el PKK, pero el escepticismo persiste
El país asiático aprueba una ley que permitirá la liberación de miles de militantes kurdos, en el mayor paso hacia el fin de una insurgencia que ha marcado su historia moderna
Turquía aprobó el mes pasado una ley que, en apariencia, podría marcar el fin de uno de los conflictos más longevos de Oriente Próximo. La legislación establece un marco para la suspensión de penas y reintegración de miles de militantes del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), la guerrilla considerada organización terrorista en Turquía , la Unión Europea y Estados Unidos . La normativa ha sido recibida con esperanza y escepticismo por partes iguales, pero el texto, calibrado para no irritar al electorado nacionalista, deja fuera al líder del PKK, Abdullah Öcalan, y no aborda las causas estructurales que alimentaron medio siglo de violencia.
La iniciativa, fruto de un proceso iniciado en octubre de 2024 por el líder ultranacionalista Devlet Bahçeli, aliado del presidente Recep Tayyip Erdogan , permitirá la excarcelación de unos 4.000 presos y la suspensión de miles de investigaciones judiciales. Quedan fuera los delitos por homicidio intencionado cometidos en el marco de las actividades del PKK, así como las condenas a cadena perpetua, como es el caso de Öcalan, encerrado en una isla al sur de Estambul desde 1999, gran parte de este tiempo en régimen de aislamiento.
"El Gobierno turco intenta dejar claro a la comunidad internacional que es Erdogan quien tiene la responsabilidad de la cuestión kurda, y no al revés" , explica a EL MUNDO Sirwan Kajjo, investigador y periodista especializado en política kurda en el think tank Middle East Forum. "Ankara ve este proceso como un esfuerzo antiterrorista, desde una perspectiva de seguridad nacional, mientras que la parte kurda cree que podría ser el inicio de un proceso de paz real y genuino. Son visiones muy divergentes que, en mi opinión, podrían no conducir a una solución permanente", advierte.
El PKK, que anunció su disolución y celebró una ceremonia simbólica de quema de armas en las montañas del norte de Irak -donde se refugia la cúpula del grupo- no oculta su descontento. El grupo criticó la ley en un comunicado por no abordar la democratización de Turquía y denunció que "se refiere únicamente al desarme sin utilizar el término 'kurdo', lo que indica que el problema no se ha abordado de manera integral".
Roj Girasun, director del Instituto de Estudios Kurdos Rawest, tiene una visión más optimista. "El hecho de que este asunto se presentara en el Parlamento y se aprobara, demuestra que el Estado reconoce el levantamiento kurdo y que se puede resolver mediante negociación", señala a este periódico. "Este proceso no busca resolver la cuestión kurda, sino desmantelarla, pero al desmantelarla, se pasa de un enfoque basado en el conflicto a uno de democratización", asegura.
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