Un carrete, un viaje: por qué la generación Z está redescubriendo la fotografía analógica
Hoy, llevar una cámara analógica de viaje es una maniobra social de primer nivel.
Pocas formas más rápidas hay de ganar prestigio entre amigos que aparecer en un viaje con una desechable.
Automáticamente te conviertes en el fotógrafo del grupo, y además, en el encargado de crear recuerdos que tardarán semanas en existir.Cuando una generación se cría con una cámara en el bolsillo capaz de hacer cientos de fotos en cuestión de minutos, hay algo fascinante en descubrir el placer de no saber qué acaba de fotografiar.
Para los zeta, la fotografía analógica tiene algo de rebeldía contra la velocidad.
El carrete obliga a esperar, a elegir y, sobre todo, a aceptar que una fotografía no tiene por qué salir perfecta.El ritual empieza antes de que empiece el viaje: entrar en una tienda, elegir una caja pequeña, amarilla o verde, y decidir cuántas veces –24 o 36– se va a apretar un botón durante los próximos días.
Para muchos jóvenes madrileños, ese ritual empieza en Casa Pibe, una tienda de fotografía analógica que en poco más de un año se ha convertido en punto de referencia para una generación que, paradójicamente, nunca vivió sin una cámara digital en el bolsillo.Cristóbal Benavente y Marta Arquero, dos de sus trabajadores, llevan más de una década observando este mercado desde Sales de Plata, el proyecto que precedió a Casa Pibe.
Ambos coinciden en el diagnóstico: el cliente ha cambiado por completo. «Al principio, el público era gente mayor, un poco nostálgica, que venía referenciada de foros y buscaba seguir utilizando las cámaras que había tenido siempre», explica Benavente. «Hoy en día son chavales jóvenes que buscan asesoramiento y quieren empezar».Cristóbal Benavente enseñándole una cámara analógica a uno de sus clientes Matías Nieto KoenigPara ellos, la mitad de sus clientes tienen entre 18 y 30 años, arco de edad que identifican con la generación Z.
El resto se reparte casi a partes iguales entre los 30 y los 50 años y los mayores de 50.
La fotografía analógica, que durante años parecía sobrevivir gracias a quienes se resistían a abandonarla, encuentra ahora buena parte de su futuro precisamente entre quienes nunca tuvieron que sobrevivir a su desaparición.La entrada gradualEl resurgir no ha estado exento de fricciones.
Tras el pico histórico de ventas de carretes de mediados de la pasada década, la producción de película se desplomó y algunas fábricas cerraron.
Cuando la demanda joven empezó a repuntar, la oferta no estaba preparada: Kodak, el gran fabricante mundial, llegó a sufrir problemas de suministro que dejaron a tiendas como Casa Pib e recibiendo tres carretes de los treinta que habían pedido.
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