John Eliot Gardiner, Kathryn Lewek y Piort Beczala redondean la oferta del Festival de Santander
FESTIVAL DE SANTANDER Brahms Canción del destino Mendelssohn Sinfonía 2 'Lobgesang' Intérpretes Hilary Cronin y Sam Cobb, sopranos.
Jonathan Hanley, tenor.
The Constellation Choir & Orchestra Director Sir John Eliot Gardiner Lugar Palacio de Festivales de Cantabria, Santander Fecha 21-VIII Gala lírica Obras de Verdi, Donizetti, Bizet y Puccini Intérpretes Kathryn Lewek, soprano.
Piotr Beczala, tenor.
Orquesta Sinfónica de Bilbao (BOS) Director José Miguel Pérez-Sierra Lugar Palacio de Festivales de Cantabria, Santander Fecha 22-VIIIVisiblemente delgado, encorvado, con el andar algo torpe y cauteloso, John Eliot Gardiner se presentó el viernes en el Festival de Santander.
Aquí ha comenzado la gira que le llevará a San Sebastián, Ljubljana, Bremen, Ravello, Merano y Pisa junto al coro y orquesta The Constellation y un programa que incluye la 'Canción del destino' de Johannes Brahms y la segunda sinfonía , 'Lobgesang', de Felix Mendelssohn.
A los 83 años, Gardiner es un músico crepuscular, que ha dejado atrás sus maneras dominantes y se desenvuelve sobre el podio con eficacia y gestos más medidos.
Ha conseguido que The Constellation mantenga el principio de calidad que definía al Coro Monteverdi y a la Orquesta Revolucionaria y Romántica que él mismo fundó y de los que se desvinculó, hace ahora dos años, tras varios episodios de agresión e intimidación.
Quizá no alcancen la exquisita perfección de estos últimos debido a que Gardiner es ahora menos susceptible y poderoso; más afable en el comportamiento, con sus músicos y con los solistas, a los que sonríe, motiva y reconoce de manera muy protocolaria en los saludos finales.
Siempre fue elegante, un punto primoroso y particularmente altivo, de ahí la extrañeza que produce ver en su comportamiento ciertos halagos.
Lo importante es poder seguir descubriendo la particular transparencia de sus interpretaciones, la sólida tensión rítmica, el fraseo significativo, la claridad de una masa sonora diferenciada.
En Santander, la 'Canción del destino' mostró un cierto desequilibrio interno.
Aun así, Gardiner es una personalidad musical indiscutible que mantiene viva la capacidad para plantear dudas de orden metafísico a partir de una obra que se mueve entre la nobleza celestial y la inestabilidad humana.La memoria lo recuerda más cerca de lo escuchado ante la segunda sinfonía de Mendelssohn, que se ofreció sin solución de continuidad tras la partitura de Brahms, a pesar de algunos aplausos más interesados en hacer ruido que en respirar con la música.
Lo grandioso y lo seductor aparecieron pronto, con los tres trombones de pie interpretando el tema principal.
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