Florentino Delgado: « No me gusta el nuevo Plan de Ordenación ; la base, de por sí, es pacata»
Florentino Delgado (Sotillo de las Palomas, 1955) no esconde su desencanto después de tres años al frente de la Concejalía de Planeamiento del Ayuntamiento de Toledo.
Abogado con 40 años de ejercicio y una dilatada trayectoria profesional vinculada al urbanismo, califica de «insuficiente» su balance y admite sin rodeos que no le gusta el Plan de Ordenación Municipal que se está tramitando porque considera que parte de una base «pacata» y está sometido a demasiados condicionantes.
Delgado, habla también de una ciudad que, a su juicio, carece de «dinamismo» y «modernidad», defiende sus controvertidas propuestas para Palomarejos y aborda sus discrepancias con el alcalde, Carlos Velázquez, con quien asegura mantener un trato «cordial», «correcto» e incluso «amistoso».— ¿Qué balance hace de sus tres años al frente de la Concejalía de Urbanismo?—Insuficiente y condicionado, cuando no dependiente.
Esa es la realidad.— Es la primera vez que veo que un político no ensalza su labor al frente de la tarea que tiene encomendada. ¿Ve algo positivo ?—Que tienes la oportunidad, por lo menos, de intentarlo.
Otra cosa es que lo logres.
Lo que pasa es que, sinceramente, a medida que avanza el tiempo va surgiendo una especie de desencanto que provoca la realidad.
Hay en la ciudad una especie de autodefensa inconsciente que es innecesaria.
Se agarran y se aferran, tanto personas como instituciones, a ese ejercicio opositor, negacionista, que no permite que la ciudad se desarrolle, que avance o que se enganche al mundo de la modernidad.
En temas de urbanismo todo el mundo interviene y casi todo el mundo acaba cercenando tu actuación, cuando no anulándola.—De sus palabras se deduce que no ha podido hacer todo lo que ha querido. ¿Qué es lo que le ha faltado, por lo menos lo más importante?—No he podido, no.
Voy a ser muy sincero.
No me gusta el nuevo Plan de Ordenación Municipal (POM).
La base ya, de por sí, es pacata.—¿Por qué no le gusta?—Porque hay un intervencionismo absoluto.
Desde el principio todo el mundo que interviene aparece con el serrucho y aporta su recorte.
Con está dinámica, el POM se queda en lo mínimo, en lo que no moleste a nadie, en aquello que no signifique una ruptura con nada.
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