García Lorca encuentra su voz en el Festival Ravel
En un verano de eclipses, en el que la luz y su ausencia, la coincidencia y la fatalidad articulan su argumentario, coinciden algunas fechas musicales que no deberían olvidarse: los ciento cincuenta años del nacimiento de Manuel de Falla y los noventa del asesinato de Federico García Lorca .
La España cainita mató al segundo y rompió la vida del primero, y en ese momento el país se hundió en una oscuridad lamentable y ruinosa.
Las programaciones musicales españolas han estado poco atentas a unas fechas que son mucho más que un simple aniversario, pues ambas explican la esencia de un territorio que ha dado talentos universales.
Tocó recordar la muerte de Lorca y muchas noticias durante el día de la efeméride explicaban la trascendencia de su obra en manos de artistas urbanos, de raperos y grafiteros olvidando que la anécdota panderetera es un espejismo frente a la dimensión visionaria de su legado con eco en cientos de libros, tesis, artículos, obras dramáticas y artísticas asombrosas, incluyendo las musicales.
Se acerca la conmemoración de Falla, en el mes de noviembre, y, durante la espera, se están escuchando un puñado de partituras evidentes frente a la diversidad de un catálogo, concentrado y esencial, que interpela y deslumbra por su inventiva.Ha sido necesario cruzar el Bidasoa y entrar en Francia para encontrar en la localidad de Saint-Jean-de-Luz un instante de seriedad.
El Festival Ravel quiere ser, según ha explicado a ABC su director, Bertrand Chamayou, «una narración musical que toma como figura central a Manuel de Falla, explora la música española y una cierta visión de España a través de la mirada inicial de Maurice Ravel».
En ese contexto se ha celebrado un concierto emocionante, capaz de sumergir al oyente en la fascinación dolorosa sobre la que se construye la obra de Lorca.
El 'Hommage à García Lorca' tenía como culminación las 'Ancient voices of children' del americano George Crumb, compositor vinculado a la poesía lorquiana a lo largo de unos veinticinco años, desde comienzos de los años sesenta hasta mediados de los ochenta.
Crumb no hablaba español con fluidez, pero quedó fascinado por la sonoridad, las imágenes y el imaginario simbólico de Lorca.
La fuerza oscura y telúrica ligada a la muerte y a la intensidad expresiva, se convirtió en sus partituras en silencios, timbres inusuales, técnicas extendidas y una teatralidad protocolaria.Chamayou señala que «García Lorca surgió a partir de una idea que tuve en determinado momento.
Todo empezó con George Crumb, que había compuesto varios ciclos sobre sus poemas.
Y pensé que sería interesante no hacer únicamente, Falla, Turina, Mompou y Albéniz, ni tampoco limitarse a músicos franceses como Debussy y Ravel, que escribieron música española.
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