Juan Andrés Verde, cura: «Si no fuera por mi novia, no hubiera entrado al seminario. Llevábamos casi 4 años. Al tiempo, ella falleció»
Hay decisiones en la vida que únicamente las puede tomar uno mismo, como entrar en el seminario .
No hay nadie más que le propio joven que pueda decidir ingresar en este centro para acercarse a Dios, estudiar teología y filosofía y ocho años más tarde y con la gracia de por medio, recibir la ordenación como sacerdote.
Es un gesto personal y libre, aunque, eso sí, lo realiza con gente a su alrededor.El seminarista se apoya en el consejo de otros sacerdotes, de sus padres, hermanos y amigos, de su director espiritual y de quien le acompañe en su camino de fe.
Algunos chicos, por sorprendente que parezca, hablan de sus inquietudes espirituales con su novia.
Es el caso del Padre Juan Andrés , que estuvo saliendo con una chica durante años antes de decirle 'sí' a Dios. «Llevábamos casi 4 años de novios» , recuerda el sacerdote en el podcast 'Se buscan rebeldes'.
Por aquel entonces, el joven tenía 19 años y una relación estable con Jimena, que así se llamaba su novia.
Eran felices juntos pero un día, después de irse de misiones al interior de Uruguay —su país natal—, él comprendió que Dios le llamaba a dar su corazón a todo el mundo.
Además, tenía otras facetas de su vida de las que se despidiría para seguir el camino del sacerdocio, como sus estudios de Veterinaria y una carrera incipiente como jugador de rugby .
Llegó a jugar los mundiales de Irlanda 2007 y Japón 2009.
Con las maletas hechas para irse al Mundial de Chile con sus amigos y la vida entera por delante, dejó todo atrás e ingresó en el seminario Hoy José Andrés tiene 37 años y es sacerdote diocesano en Montevideo.«Es lindo descubrir cómo Dios va poniendo en nuestro cmaino que a veces tenemos que estar abiertos a escuchar» Juan Andrés Verde SacerdoteJuan Andrés dejó a su novia para entrar al seminarioVolviendo a su novia de aquel momento.
El sacerdote explica que parte de su inquietud por seguir a Dios apasionadamente surgió de sus conversaciones con Jimena.
Cuenta que ella le preguntó con sencillez si estaba viendo su vocación en el celibato: «Me dijo, 'Y gordo, ¿tú nunca pensaste en ser sacerdote?'».
Esta pregunta no le resultaba nueva al joven, porque «ya me lo había preguntado alguna otra persona», pero viniendo de su novia, una de las personas a las que más ha querido, le resultó «muy salado, muy fuerte».«Es lindo descubrir cómo Dios va poniendo personas en nuestro camino que a veces tenemos que estar abiertos a escuchar y que te dan un estremezón en su debido momento», reconoce el sacerdote.
Su novia fue una de ellas.
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