El lodo asfixia toda esperanza en Nepal
Gris.
La parte inferior de Bidur ha quedado reducida a eso: una capa de muerte viscosa, hedionda y gris.
El lodo se extiende uniforme hasta donde alcanza la vista en este pueblo del distrito de Nuwakot, uno de los más afectados por los corrimientos de tierra e inundaciones que han devastado el centro de Nepal.
Al cabo de cuatro días, las cifras oficiales que avanzan lentas – más de 670 muertos y casi 2.500 desaparecidos según la última actualización– apenas retratan una fracción de la catástrofe.Atraviesan el erial las aguas torrenciales del río Trishuli, que corren enloquecidas sin cauce alguno; pura fuerza de la naturaleza que este miércoles golpeó inmisericorde.
Estas mismas aguas recorrerán miles de kilómetros para acabar incorporándose al flujo sagrado del Ganges, símbolo hindú de destrucción y renacimiento.
Aquí, sin embargo, solo dejan destrucción.Donde ahora no hay nada antes había medio centenar de casuchas, hogar de gente pobre que subsistía en la orilla.
Rada compartía una de ellas con su marido y uno de sus nietos. «Cinco minutos antes del desastre recibimos un aviso urgente de evacuación, pero teníamos dudas, no estábamos seguros de que fuera para tanto.
Pero cuando vimos aparecer el agua supimos que era real», rememora la anciana.
Por suerte, la suya se encontraba junto a la cuesta que asciende hacia el centro del pueblo, por lo que ella y su familia lograron ponerse a salvo.«Sobrevivimos, pero no pudimos coger ninguna de nuestras posesiones, simplemente echamos a correr», añade, y se sacude el vestido diciendo: «Esto es todo lo que tengo». «Estoy agradecida de estar viva, pero es muy duro volver a empezar de cero», se lamenta sin aspavientos.Después de tantos años de privaciones y padecimientos, este desalentador retroceso la devuelve a la lucha por satisfacer las necesidades más básicas, como un techo.
Las autoridades han instalado temporalmente a la familia en un refugio segregado entre hombres y mujeres, de modo que ahora busca una habitación en la que puedan estar juntos.
Aparte de eso, la vida de Rada ahora se reduce a esperar.
Por eso invita al extranjero a acompañarla al vacío que hasta hace cuatro días fue su casa.Inmenso cenegalAllí emerge el inmenso cenagal.
El verde brillante de la arboleda se interrumpe con un corte rotundo que marca las dimensiones de la ola que arrasó con todo.
El puente que unía ambas orillas, desaparecido.
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