Hermana, no es la ideología
Hace un tiempo, el psiquiatra mallorquín Miquel Roca y yo anduvimos fantaseando con hacer retratos de orden psicológico a figuras políticas.
Todo fluía, con humor incluso, con personajes del pasado, pero llegábamos al presente y, ay, se corría el peligro de patologizar cualquier comportamiento.
Escudriñar la mente, el corazón o el intestino (allá donde quiera que se refugie la ética) puede llevarte de la comprensión al perdón, o de la admiración al desprecio.
En el crudo ambiente político que vivimos, los hay que hacen pinitos psicologistas con brocha gorda: abundan, por ejemplo, aquellos que acusan al presidente Sánchez de defender los principios de igualdad y fraternidad sobre los que se construyó la Europa nacida de la Segunda Guerra Mundial movido únicamente por la espuria intención de revitalizar su imagen ante la izquierda desmovilizada.
Es decir, que más que luchar por el bien común, el ladino presidente estaría batallando por seguir gozando del célebre Falcon.
Si así fuera, si aceptamos que Sánchez defiende lo que es justo movido por una ambición desmedida, no me encuentro en condiciones de juzgarlo, porque, hoy, es más urgente la misión política que la sinceridad del jugador. ¿Cómo llegamos a su mente, corazón o intestino? ¿con el célebre polígrafo? Además ¿de qué serviría? Seguir leyendo
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