El gozo de querer ver embestir setecientos veinte kilos… en un pozo
Desde la mañana había despertado mucha expectación el quinto de la tarde.
720 kilos había dado en la báscula el toro, batiendo el récord de esta temporada en Madrid.
Y seguramente de varias.
Todo el mundo estaba en silencio cuando sonaron los clarines, anunciadores de su salida.
Con el tanque ya en el ruedo, se pidió que lo dejara Galdós largo en el caballo.
Pero los ánimos se caldearon con el mal hacer del pica, tampoco fue el toro a la segunda vara -que es la importante- con excesiva bravura, y en banderillas esperaba.
Pese a eso, le dejó un gran par Fernando Sánchez.
Brindó el peruano a los presentes, y comenzó por bajo, mientras el toro se revolvía con rapidez. «¡No te arrugues, hombre!», le gritó el Rosco.
No es que se arrugara o no, es que el toro tardaba una hora en pasar, y a mínima que levantaba la gaita era más alto que Joaquín.
También es verdad que le tocó todas las veces la muleta.
Pero no era fácil sobreponerse al panzer que tenía delante.
Con todo, lo hizo en una serie derechazos, pero Potrillo tampoco estaba sobrado de fuerzas ni de casta, ni pasaba, quedando la cosa en tierra de nadie.
La verdad es que esa fue la tónica general de la corrida, mucha caja, mucho pitón, pero la casta más que justa, en un ambiente de principio de temporada: mayoría de público aficionado y mucho frío (18º marcaba cuando empezó la corrida, y bajando).
Apretó el primero en el capote de Espada, y empujó en el caballo, aunque a partir de ahí se empezó a quedar, teniendo que exponer una barbaridad Iván García en un extraordinario tercer par.
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