Daniel Guzmán, actor y director de cine: "Estoy endeudado a nivel económico y emocional. Todos estamos más endeudados de lo que creemos"
Daniel Guzmán escribió el guion de ‘La deuda’ pensando que iba a hacer una película sobre un contexto social muy concreto. “Pero ahora la veo como una historia de amor”, nos cuenta el actor y director. Protagonizada por él mismo, Itziar Ituño, Charo García (actriz no profesional que falleció el pasado mes de mayo a los 92 años y poco después del estreno de la película en el Festival de Málaga), Luis Tosar y Susana Abaitua, habla de gentrificación, de derechos, de soledades, de desahucios, de tomar decisiones erróneas por amor y para sobrevivir… En definitiva, de lidiar de la manera más digna con la vida que a cada uno nos ha tocado. Y lo hace, como siempre, con la ternura y sensibilidad que se han convertido en el leit motiv de su cine.
La película, nacida de una experiencia propia que vivió el director con su abuela, cuenta la historia de Lucas y Antonia, que conviven juntos en un piso en el centro de Madrid hasta que un fondo de inversión adquiere el edificio y les notifican que tienen que dejar la casa.
En una residencia, después de una búsqueda que duró más de un año. Me recorrí centros de día, mercados de barrio, centros culturales… Necesitaba dar con una mujer que tuviera una cierta autonomía, pero que también transmitiera sensación de vulnerabilidad y fragilidad.
Complicado. Ensayamos durante tres meses sin moverla de su residencia. Luego, durante el rodaje, solo podíamos trabajar tres horas al día con Charo, por su deterioro físico y sus problemas renales. A partir de ese momento, se quedaba dormida, no te escuchaba… Eso sí, durante el tiempo que trabajaba, era increíble. De hecho, yo no iba a ser el protagonista de la película, pero se había establecido una relación emocional tan bonita entre los dos, que ella no conectaba con ningún otro actor. Además, me di cuenta de que yo cumplía con los requisitos del personaje: tenía que ser un intérprete de unos 50 años, cuando el acceso al mercado laboral es muy difícil y se quedan excluidos socialmente.
En ‘La deuda’ se ve cómo la moral entra en conflicto con el sistema… ¿Te suena?
Claro. La administración, esa herramienta que tiene que tener ética, y la redistribución de la riqueza entran siempre en conflicto con lo social.
Absolutamente. Son dos personas de diferentes generaciones que se necesitan. La película cuenta hasta dónde somos capaces de llegar por las personas que queremos.
El detonante fue una experiencia que viví con mi abuela. Sufrió un broncoespasmo y la llevé al centro de salud para que recibiera oxígeno. Mientras esperábamos, vi un desfibrilador y pensé qué pasaría si, por necesidad, yo lo robase y ese hecho tuviera un resultado fatídico en alguien.
¿Por qué decidiste no explicar la relación que hay entre ambos personajes?
No hacía falta. Una ayudó al otro en la primera parte de su vida y, años después, el otro está en deuda y decide ayudarla. Me gusta considerar inteligente al espectador, que esté activo. Y la relación importante para mí es la emocional, no la biológica. Por eso siempre digo que es una historia de amor… y de culpa. ¿Cómo se gestiona en una sociedad judeocristiana?
Nos estamos perdiendo una parte de esa generación.
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