Farmear aura
Ahora resulta que el aura se cultiva.
Baudelaire no lo sabía, tampoco Walter Benjamin.
Ni Ava Gardner, que entraba en un bar trayendo una atmósfera que no se llamaba aura sino Ava Gardner .
Hoy, en cambio, el aura se farmea.
Y ahí en la esquina, bajo vicio peatonal.
La muchachada se reúne un domingo como éste, y perpetran tres o cuatro garabatos de baile, compitiendo para la inmortalidad de Tiktok.
Es como hacer un dúo de tertulianos, pero con mímica, como ser de la coreografía de la tele, pero en la calle. «Farmear aura» se llama el prodigio, la moda.
Es una de esas expresiones que demuestran que el idioma también puede ponerse una gorra al revés.
Dos jóvenes compiten en poses, bajo la ambición de ganar presencia y carisma.
Aura.
Hemos necesitado torturar el lenguaje para nombrar lo que lleva haciendo el pavo real desde hace siglos, y Valerio Lazarov .
Farmear, y aura.
Ya hemos conseguido una definición bastante exacta de nuestra época.
Porque el aura, precisamente, era aquello que no podía fabricarse.
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