Čeferin se queda en la UEFA mientras crece la rebelión europea contra Infantino
Aleksander Čeferin había anunciado que se marcharía.
Ahora ha decidido quedarse.
El presidente de la UEFA ha aceptado la petición de las 55 federaciones nacionales europeas para presentarse a un último mandato, una decisión que llega en uno de los momentos más delicados de la relación entre el organismo continental y la FIFA de Gianni Infantino.
El cambio de planes no supone, por sí mismo, una candidatura alternativa a la presidencia del fútbol mundial, pero sí garantiza que Čeferin seguirá al frente de la principal estructura institucional que reclama reformas en la organización dirigida por el suizo.
El anuncio se produjo el jueves en Berlín, durante una reunión con los presidentes y secretarios generales de las federaciones europeas. Čeferin confirmó que concurrirá a las elecciones de la UEFA previstas para el 22 de abril de 2027 en Astaná, Kazajistán.
En agosto había descartado continuar y también había cerrado la puerta a competir contra Infantino por la presidencia de la FIFA, cuya elección está prevista para marzo del próximo año.
La nueva decisión cambia el escenario: el dirigente esloveno seguirá teniendo capacidad para liderar la respuesta europea a la crisis de gobernanza del fútbol mundial.
La disputa va mucho más allá de la relación entre dos dirigentes.
El conflicto enfrenta dos maneras de entender quién debe controlar las decisiones estratégicas y comerciales del fútbol, qué papel deben desempeñar las federaciones y hasta dónde pueden llegar los planes de expansión económica de los organismos que gobiernan el deporte.
El negocio que abrió la grieta entre UEFA y FIFA El detonante fue el proyecto FIFA Forward Enterprise, una iniciativa con la que Infantino pretendía agrupar derechos comerciales y operaciones vinculadas a las competiciones del organismo, incluido el Mundial, en una nueva sociedad abierta a la inversión privada.
La propuesta contemplaba vender una participación minoritaria de hasta el 20%, con una captación de capital que podía alcanzar los 4.200 millones de dólares.
Infantino defendió la iniciativa como una oportunidad para aumentar los ingresos comerciales de la FIFA y destinar más recursos al desarrollo del fútbol en sus 211 federaciones miembro.
Según su planteamiento, una mayor explotación del valor comercial de las competiciones permitiría incrementar la financiación para infraestructuras, selecciones nacionales, fútbol base y fútbol femenino.
La dirección de la FIFA sostuvo que el proyecto debía someterse a un proceso de consulta y aprobación institucional.
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