¿Casualidad o causalidad?
Durante muchos años me resistí a tener smartphone.
Hasta 2024 seguí fiel a mi Nokia.
Recuerdo arrojarlo por la ventana para divertir a mis amigos; el ladrillo era indestructible, obra de una empresa que entonces todavía no aplicaba la obsolescencia programada.
Pero un mes antes de publicar La península de las casas vacías mi editorial me hizo comprar un teléfono inteligente y abrirme WhatsApp y X.
Cedí.
Me desprendí del último gesto analógico que me unía a una forma de vida casi extinta que muchos de los que padecemos el scrolling echamos en falta.
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5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.lavanguardia.com — el contenido pertenece a La Vanguardia.