Estrellados (política y fútbol)
Lo ocurrido el pasado jueves por la noche en el Camp Nou, en Barcelona, es una auténtica vergüenza.
Se suspendió el homenaje previsto a los futbolistas de la selección española, ganadores del último Mundial, y en su lugar se convocó un acto de exaltación de la bandera estrellada catalana, la llamada estelada –de estel, estrella–, símbolo del independentismo.
No eran pocos los jugadores concernidos, sobre todo del Barça –ocho: Joan García, Cubarsí, Eric García, Gavi, Dani Olmo, Rodri, Pedri, Lamine Yamal–, pero también del Athletic, como Unai Simón, Nico Williams y Laporte.
La Roja es siempre percibida como un peligro por parte del nacionalismo catalán –y vasco, evidentemente–.
Agradecer y reconocer a aquellos deportistas que nos hicieron disfrutar en verano constituye un deber, un placer y un honor.
La directiva barcelonista , con el independentista Joan Laporta a la cabeza, resolvió de esta torticera forma un triple entuerto.
Ha evitado, en primer lugar, la contaminación española de su sagrado recinto deportivo.
Esta cuestión, como es bien sabido, obsesiona a los nacionalistas catalanes, desde la gran exhibición de banderas españolas en el estadio en los Juegos Olímpicos de 1992.
Ha reaccionado, asimismo, exagerando intencionadamente, ante un incidente de tipo policial, en Elche, con un seguidor del equipo y una bandera de por medio.
Y, por último, ha evitado entrar en colisión con las entidades soberanistas –a la baja y muy necesitadas de visibilidad– que habían decidido boicotear, con la exhibición de estrelladas, el homenaje a nuestros campeones del mundo.
La actitud de Laporta puede indignarnos, pero no sorprendernos.
Desde su primera presidencia, iniciada en 2003, este abogado independentista elevó al máximo la politización del Barça , identificado hasta la saciedad con Cataluña y sometido a una fuerte recatalanización.
Más adelante, en la etapa del llamado proceso independentista, el Camp Nou se convirtió en un recinto al servicio de la causa, con estrelladas en las gradas y gritos de independencia en los minutos 17.14 de cada mitad –1714 sigue siendo el gran mito nacionalista–.
En 2021, tras algunos pinitos políticos, Laporta regresó a la presidencia y no ha dudado en mantener posiciones claras, aunque más moderadas ahora con el aparente bajón del independentismo.
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