Adaptaciones
e ha discutido mucho este verano sobre la 'adaptación' de La Odisea perpetrada por Christopher Nolan, en algunos casos para ensalzarla, en otros para denigrarla; en cambio, apenas se ha discutido sobre el sentido de una 'adaptación', que habría ayudado a centrar el debate.Mucha gente que ha denigrado la película de Nolan se aferra a hechos circunstanciales y menores que alimentan el rifirrafe ideológico.
Así, por ejemplo, se cuestiona que a Helena la interprete una actriz de raza negra, siendo un personaje al que Homero designa «la de blancos brazos»; pues la palidez era entonces un signo de aristocracia, y una mujer de la realeza debía impedir que su piel fuese 'mancillada' por el sol.
Nolan, desde luego, elige una actriz negra para encarnar a Helena por sumisión ideológica, por mucho que trate de presentarlo como un acto de libertad creativa.
Pero tal elección es anecdótica y, a la postre, irrelevante; si Nolan hubiese vivido, por ejemplo, en la Inglaterra isabelina y hubiese hecho una adaptación teatral de La Odisea , habría tenido que elegir a un hombre para interpretar a Helena, pues la moda ideológica del momento y del lugar prohibía que las mujeres trabajasen como actrices (no ocurría lo mismo en España, por cierto).
En la Inglaterra isabelina, Julieta, lady Macbeth o Desdémona eran interpretadas por hombres en todos los escenarios; y el público lo aceptaba resignada o dócilmente, como hoy aceptamos las modas ideológicas que nos imponen una inverosímil Helena de raza negra.
Pero estas imposiciones grotescas o humillantes que pisotean el sentido común no logran destruir la vigencia de los mitos que Helena o Julieta encarnan: aunque las interpreten mujeres de una raza incongruente, aunque las interpreten hombres barbados, aunque las interpretasen alienígenas, Julieta o Helena siguen vivas en la 'memoria de la especie', incólumes a las rapiñas ideológicas del momento.
A la postre, cambiar de raza a Helena resulta tan patéticamente inane como obligarla a vestir anacrónicamente, con estética punk o cualquier otro dislate de los que estuvieron rabiosamente de moda hace unos pocos años (recordemos, por ejemplo, los montajes operísticos de Calixto Bieito).'La Odisea' se nos antoja una desquiciada y mentecata malversación de la obra homérica, propia de un pobre diabloPero una Helena de raza negra o vestida por Chanel, incluso una Helena que desata una guerra nuclear, pueden ser 'adaptaciones' aceptables, aunque delaten a un adaptador de chichinabo que necesita recurrir al aspaviento chirriante para llamar la atención.
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