'Niñofobia'
Iba a pasar de largo de uno de los debates a priori triviales de este verano, la proliferación de los hoteles 'adults only', pero una amiga, justo ayer, me escribió muy indignada por la mirada asesina que un hombre en bici le había 'dedicado' a ella y a su bebé de 14 meses mientras paseaban por el paseo marítimo.
Según esta madre de dos, su sentimiento no responde a una manía persecutoria, ha sido un gesto más de lo que considera un rechazo generalizado a los pequeños, entendidos éstos como un estorbo, una carga, un fastidio. 'Niñofobia', resumió ella aún con la rabia contenida por cuestionar su maternidad.
Porque ese 'odio' predispone además a cierta animadversión a quienes han decidido traer vástagos al mundo, 'culpables' de la buena o mala educación de los chiquillos y, sobre todo, responsables de que cumplan con las normas de convivencia.
En la calle, en un restaurante, en la playa o en un hotel.
No ha de ser fácil criar a un robot.
Menos a dos, tres o cuatro, o siete como tuvieron mis padres.
Los menores son, por naturaleza, ruidosos, espontáneos e imprevisibles.
Por eso usamos el epíteto tierna cuando nos referimos a la infancia.
Porque a la vez son dulces, indefensos, inocentes y moldeables.
Lloran, juegan, preguntan y ocupan espacio.
Pero precisamente porque están aprendiendo a convivir, necesitan participar en la vida social.
No quiere decir esto que como idea empresarial los 'adults only' no resulte magnífica.
Igual que hay hoteles con piscinas y toboganes gigantes y galas nocturnas con payasos.
O billetes en el vagón silencioso.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.abc.es — el contenido pertenece a ABC.