'Piconera' relata la triste historia de la mítica musa de Romero de Torres: «Destrozó su honra y la de su familia»
No fue la única modelo de Julio Romero de Torres .
El pintor incluso tuvo otras preferidas, que tuvieron carrera en el espectáculo, pero Teresa López (1913-2003) pasó a la historia precisamente por haber posado para el autor y hasta con el sobrenombre de un cuadro que al mismo tiempo que la hizo inmortal contribuyó a su deshonra y a su ruina personal: 'La chiquita piconera'.El periodista y escritor sevillano Juanele Zafra acaba de escribir 'Piconera', una novela que publica la editorial cordobesa Almuzara y que cuenta una historia sobre todo triste, porque aunque aparecer en los lienzos de Romero de Torres le haya asegurado que su nombre perviva, en vida tuvo que llorar mucho por aquello.«Teresa no escogió ser la modelo del pintor y todo eso tuvo una repercusión que en ningún momento pudo imaginar.
Todos dieron por sentado que era la amante de Julio Romero de Torres y aquello destrozó su honra, y lo que es peor, la de su familia», afirma el autor.
Las consecuencias fueron duras: Teresa «tuvo que abandonar cualquier sueño de ser una mujer independiente o poder escoger marido».
Después de aquello tuvo que aceptar casarse con el hombre que le escogieron.Teresa López había nacido en Argentina de padres cordobeses que regresaron a la ciudad. «Vivía muy cerca de la plaza del Potro , donde vivía el pintor, y era una mandadera de una familia», cuenta.
A los nueve años la posó para el cuadro 'Bendición'.
Un tiempo después lo hizo para 'Ángeles'.En principio «era como una especie de privilegio para ella, que sólo tenía trece años».
Desde 1928 hasta 1930, cuando murió, la pintó al menos siete veces: «Julio Romero de Torres se obsesionó con ella».'Piconera', dice Juanele Zafra , cuenta «los hechos que sucedieron». «Sí están novelados los diálogos y las escenas, pero lo que se cuenta son hechos reales al 90 por ciento, aunque puedan parecer sorprendentes».
Por eso aparece esa Córdoba de los años 20, los valores de sus gentes y el prestigio social del pintor.EstigmaLa familia de Teresa López no tuvo problemas para que la pintara de niña, pero sí de joven. «En estos años, de 1928 a 1930, sí que hubo recelos y llegaron a espantarse, pero a Julio Romero de Torres, con el prestigio que tenía, nadie le decía entonces que no», según el autor.Quizá tuviera algo de manipulación, porque «consiguió que su familia hiciera un negocio con Enrique Romero de Torres y así dependieran económicamente».
Su conclusión es clara: «No actuó de buena fe ».
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