Expertos gallegos constatan que la música deja «huella» en los genes y las proteínas de quienes la escuchan
¿Qué impacto puede tener la música en nuestra biología? Con esta incógnita arrancó, hace cinco años ya, el proyecto Sensogenoma.
Un exhaustivo estudio desarrollado por los investigadores gallegos Antonio Salas y Federico Martinón que busca descubrir la conexión más íntima entre los estímulos musicales y la respuesta biológica del cuerpo humano ante ellos.
Un lustro después de esos primeros pasos, 5.000 participantes después y con miles de muestras de saliva, sangre e incluso lágrimas recogidas , los resultados son sorprendentes.
La música, concluyó el grupo de expertos que hay detrás del proyecto, produce en las personas «una huella molecular medible».
Esto es, que los genes «responden de manera diferencial» ante una pieza musical, un patrón de respuesta que, además, es distinto en aquellas personas con Trastorno del Espectro Autista, deterioro cognitivo o daño cerebral.Con «cero artículos» sobre esta cuestión, Salas y Martinón (catedráticos, doctores en el Complexo Hospitalario Universitario de Santiago de Compostela y jefes de sus respectivos grupos) decidieron escuchar su intuición y desarrollar un concepto de partida, del que se derivan todos sus hallazgos, el sensogenoma . «Tradicionalmente esto se analiza desde las ciencias cognitivas, desde las neurociencias o desde la psicología.
Nosotros proponíamos algo totalmente diferente, un cambio de paradigma en la manera de abordarlo esta relación desde lo micro, desde las moléculas» contextualiza Salas.
Y eso fue lo que hicieron.
Midieron qué moléculas se activan con la música, cuáles cambian o se alteran. « Explorábamos en la nada, en el vacío .
Era una especie de escrutar lo inescrutable» reconocen.
Lo primero que descubrieron es que la respuesta diferencial ante el estímulo musical no es exactamente igual en personas que tienen un trastorno espectral autista o personas que tienen un deterioro cognitivo o tienen un daño cerebral.
Cada grupo responde de una manera especial.
Los expertos lo llaman «sensibilidad molecular» .
En este proyecto, los investigadores gallegos involucraron a más de 60 instituciones de educación, de cultura, conservatorios, institutos, colegios.
Y desde el punto de vista académico, generaron un contexto. «Hemos despertado la actividad en trabajos de fin de grado, trabajos de fin de máster, tesis doctorales.
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