La estrategia de Shakira y de cualquier gran estrella del pop: transformar una serie de conciertos en un gran acontecimiento
Shakira acaba su gira mundial con una residencia de 12 conciertos en Madrid que intenta transmitir la sensación de ser un evento realmente especial. ¿Lo consigue?
Esto no es solo un concierto de Shakira , no, señora, esto es algo más . Esto es un evento espectacular, esto es un fenómeno cultural, esto es una experiencia que no se puede obtener en ninguna de esas giras normaluchas. Esto es un acontecimiento, sí, un tremendo acontecimiento, y va a ser algo irrepetible.
Esa es la idea que quiere transmitir Shakira con su histórica serie de 12 actuaciones en Madrid . Es el paradigma, en realidad, que se ha extendido en el negocio de los conciertos como el unicornio que quieren cabalgar las grandes estrellas por encima de un mercado saturado en el que año tras año crecen el número de espectadores y la facturación global.
Si os excita el lenguaje del marketing lo podéis llamar eventización .
Es muy sencillo. En la historia de la música pop y rock, el concierto mondo y lirondo fue mejorado rápidamente para convertirse en un espectáculo, luego en un gran espectáculo y luego en un pitote realmente loco hasta que, desde hace varios años, hemos entrado en la era del concierto-acontecimiento. El objetivo siempre es el mismo: que el público tenga la percepción de haber vivido algo realmente especial. ¿Lo consigue Shakira? Esta noche he visto llorar a moco tendido a algunas personas mientras cantaban Acróstico , he oído aullar a grupos de amigas abrazadas con Loba , he sonreído contemplando a muchas madres con muchas hijas siendo increíblemente felices cuando han sonado seguidas Dai Dai y Waka Waka (Esto es África) , y he contemplado sin asombro cómo miles de niñas, jóvenes, señoras y abuelas grababan con sus móviles canción tras canción para intentar así atrapar el momento. Así de especial se ha sentido.
Al salir del segundo concier, perdón, acontecimiento de Shakira en Madrid , una mujer de unos 50 años le decía a su amiga: "Creo que es el mejor concierto que he visto en mi vida". La otra le ha respondido: "Pero si casi no has ido a conciertos. Tu marido nunca te ha llevado". La primera ha sonreído: "Es cierto, pero este seguro que ha sido el mejor".
No hace falta ser un público experto en conciertos, y el de esta noche no lo parecía. Es un espectáculo fantástico de pop que llega a Madrid muy maduro y definido. Shakira se muestra segura y cómoda, y baila fenomenal con un gran dominio del espacio escénico. El sonido de su grupo es muy bueno : nítido, rico en matices, bien ecualizado desde el primer segundo y perfecto de volumen. Llega al espectador limpio y fuerte, como casi nunca lo podemos disfrutar en un estadio o en un festival. El show , medido como una coreografía de dos horas y 10 minutos (Shakira ha repetido con aparente espontaneidad los mismos comentarios de la primera noche exactamente en los mismos momentos), se retransmite en un pantallón tremendo. Con una escenografía con un sinfín de momentos instagramables, le da a su público exactamente lo que quiere, maximizando los sentimientos habituales en sus canciones: energía, alegría, confianza...
Para la gran mayoría del público ha sido, efectivamente, algo especial .
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