Las cifras de la sanidad bajo la lupa: lo que el caso del Ramón y Cajal dice sobre las listas de espera
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y la consejera de Sanidad, Fátima Matute, durante un pleno en la Asamblea de Madrid. EP.
Hablar de una lista de espera parece sencillo. Cuántos pacientes hay, cuánto tiempo llevan esperando y cuánto tarda el sistema en atenderlos. Pero detrás de esas cifras hay muchas más decisiones de las que parece. Importa cuándo empieza a contar la espera, qué prioridad recibe cada paciente, en qué categoría aparece y en qué momento deja de formar parte del registro.
La polémica abierta en el Hospital Ramón y Cajal ha puesto el foco precisamente ahí. El País publicó esta semana documentación interna según la cual 57 pacientes del servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología cambiaron de prioridad entre el 28 de febrero y el 14 de marzo de 2025. Fueron clasificados como prioridad 2, una categoría para la que se recomienda una intervención antes de 90 días, y pasaron a prioridad 3, reservada para casos en los que se admite una demora mayor. Cuatro médicos consultados por el periódico sostienen que esos cambios se hicieron sin contar con los especialistas que habían fijado inicialmente la prioridad.
La versión de la Comunidad de Madrid es, por supuesto, bien distinta. La consejera de Sanidad, Fátima Matute, sostiene que fue el propio cirujano que hizo pública la denuncia, Luis Alberto Martos, quien alteró de forma irregular la gravedad de los pacientes y asegura que lo hizo en beneficio propio. El Ejecutivo regional ha abierto una investigación interna y vincula el episodio a un conflicto dentro del servicio. Martos niega esa acusación. El País , por su parte, asegura que los correos y documentos que ha consultado apuntan al jefe de Traumatología y a la dirección médica como origen de las órdenes de modificación.
De momento, las responsabilidades no están aclaradas. Y esa cautela es importante, porque una cosa es que existan documentos y testimonios sobre cambios en las prioridades y otra distinta atribuir intenciones o responsabilidades definitivas mientras la investigación sigue abierta.
El caso del Ramón y Cajal sirve para entender algo que muchas veces queda fuera del debate público. Las listas de espera no son una simple relación de pacientes pendientes de operación. También son un sistema de clasificación.
El Real Decreto 605/2003 establece que un paciente entra en lista quirúrgica cuando el especialista prescribe la intervención. A partir de ahí empieza a contar el tiempo. La norma distingue además tres niveles de prioridad. La primera corresponde a procesos que no admiten una demora superior a 30 días; la segunda, a aquellos en los que se recomienda intervenir antes de 90; y la tercera, a casos en los que la espera puede prolongarse más sin que, en principio, se prevean secuelas importantes.
La Comunidad de Madrid aplica esa estructura en su Registro Unificado de Pacientes en Lista de Espera Quirúrgica. La prioridad clínica pesa además más que la antigüedad. Es decir, una persona que lleva menos tiempo esperando puede ser operada antes si su situación médica es más urgente.
Eso explica por qué cambiar una prioridad no es un simple trámite.
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