Los hijos de los centenarios comparten un hábito alimentario que podría ayudarles a vivir más años
Llegar a los 100 años sigue pareciendo una rareza biológica, pero la ciencia lleva tiempo desmontando esa idea.
Los genes importan y mucho, pero no lo son todo.
Y ahora, un nuevo análisis publicado en la revista Innovation in Aging sobre los hijos de centenarios añade una pista: que además de compartir parte de esa herencia biológica, también comparten una forma de comer algo más saludable que podría contribuir a vivir más y mejor.
La investigación, liderada por científicos del Jean Mayer USDA Human Nutrition Research Center on Aging de la Universidad de Tufts, es una de las primeras en examinar de forma amplia los hábitos dietéticos de los descendientes de personas que alcanzaron los 100 años o más.
El trabajo se apoya en datos del New England Centenarian Study, uno de los mayores estudios del mundo sobre centenarios y sus familias, iniciado en 1995.
El seguimiento específico de la dieta de sus hijos comenzó en 2005, cuando muchos de ellos tenían 70 años o más.
Los expertos en longevidad coinciden: "La gente que vive más no hace ejercicio, pero vive en zonas donde cada desplazamiento es un paseo" Silvia López El investigador Dan Buettner explica que las personas más longevas del mundo no basan su salud en el gimnasio, sino en incorporar el movimiento de forma natural a su rutina diaria La conclusión principal no habla de superalimentos ni de fórmulas mágicas.
El patrón observado es mucho más terrenal.
Se aprecia que los hijos de centenarios tienden a consumir más pescado, más frutas y más verduras, y al mismo tiempo menos azúcar añadida y bastante menos sodio que otras personas de edad similar cuyos padres no vivieron tanto.
Según los autores, este perfil dietético se asocia con mejor salud metabólica, cardiovascular y cognitiva.
Dicho de otro modo: no hay un único alimento milagroso, pero sí un abanico de decisiones repetidas durante años que parecen inclinar la balanza.
Los investigadores plantean que estos hábitos pueden actuar como 'vías de comportamiento' que complementan o amplifican la resiliencia biológica heredada; es decir, los genes pueden ofrecer cierta ventaja, pero la dieta ayuda a que esa ventaja se exprese mejor.
No solo genética Uno de los datos más llamativos del estudio es que , tras 20 años de seguimiento, los hijos de centenarios mostraron, como grupo, riesgos significativamente menores de ictus, demencia, diabetes tipo 2 y enfermedad cardiovascular; eso no prueba que todo dependa de lo que comen, pero sí encaja con la idea de que la longevidad saludable surge de una combinación entre predisposición genética y entorno.
Los propios investigadores recuerdan que la genética explica aproximadamente el 50% de la variabilidad en la edad al morir cuando se excluyen causas accidentales y otros factores no biológicos.
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