El equipo canino que salva vidas en la costa de Torrox
Hay escenas que parecen sacadas de una película.
Un bañista tiene dificultades para mantenerse a flote.
El socorrista se lanza al agua mientras, unos metros detrás, un labrador retriever rompe las olas con una potencia sorprendente.
En apenas unos instantes alcanza a su guía, muerde un juguete unido a un cabo flotante y comienza a remolcar hacia la orilla tanto al socorrista como a la víctima.No se trata de una exhibición ni una demostración, sino de un protocolo de rescate perfectamente diseñado que forma parte del servicio de salvamento de las playas de Torrox, el único municipio de España que ha incorporado perros socorristas profesionalizados a su operativo municipal .
Detrás de este proyecto pionero hay años de entrenamiento, una estrecha complicidad entre guía y animal y una convicción: en el agua, cada segunda cuenta.La iniciativa nació casi por casualidad.
Cuando el ayuntamiento preparaba el pliego de contratación para adjudicar el servicio de salvamento de las playas, el entonces jefe de la Policía Local propuso incluir dos elementos innovadores: drones y perros de rescate .
La idea acabó convirtiéndose en una realidad inédita en España.Miguel Sánchez, entrenador y guía canino de los perros que colaboran en las labores de rescate en este municipio malagueño, recuerda aquel momento como un punto de inflexión. «Cuando salió el pliego fue la primera vez en la historia de este país que aparecía expresamente un perro de salvamento dentro de un contrato público de playas», explica.Para él suponía también el reconocimiento a una trayectoria de casi tres décadas formando perros para búsqueda de desaparecidos, detección, terapia asistida y más de diez años especializado en rescate acuático.
Tras abandonar el mundo del voluntariado decidió apostar por profesionalizar una disciplina que apenas tenía recorrido en España.Un rescate más rápido y seguroLa principal ventaja de incorporar perros al salvamento es la eficacia.
En un rescate convencional, el socorrista debe reservar parte de su energía para regresar a la orilla mientras remolca a la víctima.
Eso obliga a dosificar el esfuerzo desde el primer momento. «Yo puedo nadar al cien por cien de mi capacidad porque sé que el remolque lo va a hacer mi perro», explica Sánchez.
Esto reduce los tiempos de intervención , un factor clave para aumentar las posibilidades de supervivencia de una persona en peligro dentro del mar.El protocolo está perfectamente sincronizado.
El socorrista entra primero al agua y asegura a la víctima.
Al recibir la orden, el perro se incorpora al rescate, toma el cabo flotante y comienza el remolque hacia tierra firme.
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