La culpa de que la vacuna te dé fiebre es de la comida que consumes antes de la inyección
Si tras ponerse la vacuna del covid-19 usted pasó una noche entera tiritando en la cama con 38ºC de fiebre mientras a su pareja ni siquiera le había dolido el brazo, la respuesta no está en su mala suerte, en la genética ni en el lote del fármaco.
Está en su intestino.Una investigación liderada por el Instituto Max Planck (Alemania) y publicada esta semana en la revista ' Science ' ha descubierto que la microbiota intestinal actúa como un «termostato» previo que condiciona la respuesta inflamatoria de nuestro organismo ante la vacunación.
En concreto, las personas que experimentan fiebre tras la inoculación presentan un perfil de bacterias intestinales hiperactivo y rico en flagelos —las pequeñas «colas» proteicas que emplean los microorganismos para desplazarse—, el cual mantiene al sistema inmunitario en un estado de alerta de baja intensidad antes de recibir el pinchazo.
El trabajo, bautizado como estudio µHEAT, siguió a 171 adultos jóvenes antes y después de recibir la vacuna contra el SARS-CoV-2.
Los voluntarios registraron su temperatura tres veces al día durante dos semanas y aportaron muestras de sangre y heces para someterlas a un análisis completo.
Los resultados mostraron que aquellos participantes cuya temperatura subía 0,8 grados centígrados o más por encima de su línea base personal no sufrían un cambio brusco en sus bacterias tras la vacuna; más bien, sus bacterias ya eran distintas desde el principio.
Un motor de inflamación con nombre propioAl analizar el mapa genético de las heces, los investigadores identificaron una sobreexpresión constante de flagelina, la proteína contenida en los motores que mueven a las bacterias.
La encargada de dejar este rastro pertenece al género Waltera.
Esta bacteria produce un tipo de flagelina capaz de encender de forma directa el receptor de las células inmunitarias del huésped, desencadenando la liberación de citoquinas inflamatorias. «Nuestros datos sugieren que la producción crónica de flagelina dentro del microbioma intestinal humano establece el tono inmunitario para impulsar las respuestas vacunales inflamatorias», resume la investigadora Kelsey Huus, primera autora del estudio e investigadora en el Max Planck.
Para comprobar si esta correlación era causa o consecuencia, los científicos recurrieron a modelos animales y a organoides humanos cultivados en laboratorio.
Al exponer los organoides de colon a los productos extraídos de las heces de las personas propensas a la fiebre, estos produjeron niveles significativamente mayores de IL-8 , una molécula inflamatoria.
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