El sanchismo es un patinete eléctrico
Hay gente sobrada, altanera, pasota, descerebrada, y luego, a una distancia considerable, están los conductores de patinetes eléctricos.
No todos los usuarios de estos cacharros casan con estos adjetivos, pero estarán conmigo en que en este caso la generalización es lo que más se acerca a la verdad.
Recuerdo que hace más de una década se empezaron a ver los primeros prototipos.
Eran armatostes muy pesados y voluminosos, y su éxito estaba circunscrito a barriadas marginales.
Lo usaban desde porteros de discoteca (lo sé porque le compré por Wallapop el mío al de la Caramelo) hasta niños riñonera.
Con el tiempo, imagino que fueron los chinos los que, haciendo gala de ese talento innegable para oler las perras y echando mano de esa capacidad para mejorar las cosas abaratando los costes, universalizaron el producto hasta convertirlo en moda.
De aquel primigenio conjunto de chatarra con el que apenas se podían hacer trayectos cortos, se pasó a una máquina estética y ligera, con una autonomía y una velocidad punta bastante considerables.
Para entonces el producto se globalizó, y salió de los barrios del extrarradio para primero pasar por el pijo mundo de los caballos, donde se utilizaba para ir de los boxes a la pista de ensayo, y luego irrumpir con fuerza en el centro de las ciudades.
No había un palmo de terreno en el que no hubiera uno.
Ya fueran de alquiler, con sus cupones de descuento, o propiedad de particulares.
Se convirtió en un fijo en las cartas dirigidas a Baltasar, en un imprescindible para los adultos que querían ir de modernos y en un aliado para los repartidores de comida a domicilio.
Tras su fulgurante implantación, y debido al caos que provocó como nuevo elemento en la circulación, sufrió regulaciones y ordenanzas que, no obstante, no le han impedido llegar a nuestros días.Les venía a hablar de esto porque el otro día, después de que casi le arrollara un chavea que venía surcando el asfalto a todo meter, un colega me presentó empaquetada una teoría sobre por qué el patinete eléctrico es el epítome del sanchismo.
Un patinete no es ni una bici ni un ciclomotor, se nutre y se mueve en un perpetuo vacío legal.
Por lo tanto, el patinete se ve con el derecho de ocupar a la vez el carril bici, la carretera y la acera.
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