A favor de la frontera
Dieciocho días ha tardado en irse a tomar viento de Levante la teoría de las fronteras abiertas, una de las preferidas de la izquierda, que lleva un siglo dando la matraca con que los límites entre naciones suponen una especie de yugo del heteropatriarcado geográfico y merecen borrarse.
Sonaba bien, sobre todo en las barras de bar, en las entrevistas a los actores o en las promesas de los candidatos incipientes, como cuando Pedro Sánchez dijo que había que terminar con el Ministerio de Defensa y ahora, para que no le saquen una foto en bañador fardapaquete a lo Briatore, lo rodean más guardias civiles que los que protegen el Tarajal.
Si hasta tenemos de arma letal a Margarita Robles, nuestra chica-boom.Como el socialismo, como el feminismo, como lo 'queer', como el animalismo, el antifronterismo zurdo naufraga cuando pasamos de la filosofía política a las musas.
Los ilustrados empezaron con toda esta tabarra de los derechos fundamentales de todos los hombres.
Y así, extendiendo el concepto de fundamental, es como asalta la frontera un argelino al que metieron en la cárcel en Holanda, expulsaron de aquel país y se planta en Ceuta a exigir que le curen la hepatitis y le den un piso, una paga y hasta un bono para el lupanar, si no los fueran a prohibir.Después vino Marx con su internacionalismo, a decir que el obrero de una nación rica tenía más que ver con el obrero de una nación pobre que con un empresario compatriota, de manera que la guerra debía ser entre clases y no entre países.
Esta corriente tuvo gran predicamento pues atesoraba, cierto encanto universalista y se ligaba bastante enunciándola.
Si la nacionalidad era accidental, ¿qué argumentos teníamos para defenderla? Luego resultó que los tipos que estaban en contra de las fronteras de España te querían poner una en Miranda de Ebro y mataban a la gente en nombre del pueblo vasco porque los asesinados eran españoles.
En realidad, el ataque desde la izquierda a la nación y fronteras españolas pasaba por construir otras naciones y fronteras: vascas, catalanas, gallegas, aragonesas y hasta andaluzas.
Esos fantasmales límites, en cambio, sí que estaban en vigor y se dibujaban en fosforito en los libros de la escuela.
En este guirigay, si alguien tenía derecho a buscar una vida digna, ¿quiénes eran los países para impedir que la buscara dentro de sus fronteras e interponerle instrumentos fachas, como las alambradas o los muros? ¿O boyas flotantes al estilo de las de Ceuta , fronteras hinchables como el flamenco rosa por el que se pelean en este momento los niños en la piscina? El invento de Marlaska tiene un aspecto muy lúdico y festivo, como todo en él.
El Gobierno plantó sobre el mar una frontera morcillona junto a la que advierten los guardias civiles a los asaltantes: «¡No nos toquéis la boya!».
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