Vaya esperpento de banda
He repasado a velocidad digital, ya saben, deslizando el dedo y escroleando sin detenerme apenas en el jepeto ni en el apodo de guerra de tanto senescal del izquierdismo.
Quería comprobar si en los insultos dirigidos a compañeros míos como Chapu Apaolaza o Rebeca Argudo –cuya amistad me hace afortunado y cuyo talento admiro– había algo de ingenio, de originalidad, de retranca, una mijita de gracia, vaya.
Algo que revelara un mínimo esfuerzo por no ser uno más en la piara del matadero verbal.Pero no.
Ni rastro.
Hasta en las amenazas de muerte, que las ha habido a cientos en la corrala de X, comparece ese yo cobarde, macarra arrabalero y quinqui del postureo.
Por cierto, ¿no nos habíais mandado todos a tomar viento para refugiaros bajo el cielo azul y las nubes de algodón de Bluesky? Imagino que mucho silencio, guitarrita y hoguerita terminan empachando hasta al más entregado a la paz universal.Heraldos de un mundo nuevo, saldos de aquel 15-M que creímos descatalogado, os fuisteis a asaltar los cielos y acabasteis descubriendo el ascensor de servicio: la poltrona, el chalé, el carguito y la nómina pública.
Hasta ahí, ninguna sorpresa.
Lo decepcionante es que ni siquiera hayáis conservado el ingenio de cuando prometíais cambiar el mundo. «Cerda, te voy a pegar un tiro» u «Ojalá que tus hijos se mueran sin un techo» no son solo amenazas repugnantes.
Son, además, una birria literaria.
Nunca superaréis el «perroflauta», el «cumbayá», el «titiritero del sanchismo», que también describe vuestro patético deambular.Os reconozco, eso sí, una ventaja sobre quienes os administran la indignación y hacen caja con ella: sois menos hipócritas.
Vuestros terratenientes políticos y mediáticos, en cambio, se rasgan las vestiduras, se les pone cuerpo de doncella mancillada y teclean como Pimpinelas del sanchismo cuando Peláez, otro amigo de talento inmenso, escribe que padecemos un clima prebélico.
Los fariseos de la progresía han perfeccionado el arte de la lapidación.
Si la pedrada es propia, se llama compromiso democrático; si viene de enfrente, asistimos a una emergencia moral, se convoca a los plañideros y se exige reparación pública.
Tienen la piel finísima para sus heridas y la mano muy suelta para las ajenas.
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