Breve historia del rechazo amoroso
Antes uno se casaba con quien convenía a su apellido; luego con quien merecía su corazón (esta es mi época); ahora con quien sobrevive a su bio.
El progreso es cuanto menos dudoso.
El amor cortés inventó sufrir por una dama inalcanzable siguiendo unas reglas estrictas, un código formal que entronizaba el arte de la distinción.
Trescientos años después lo llamamos 'que te deje en visto' y creemos que es nuevo.
La gran conquista de la meritocracia erótica es haber logrado que, al ser rechazado, uno ya no pueda culpar a su linaje: la culpa ahora es enteramente de uno.
Gracias, Ilustración.En clave histórica, la fidelidad y el cortejo son protocolos cuyo sentido cambia por completo según de dónde venga el valor erótico: de la sangre heredada, del mérito personal o del éxito en un mercado.
En el primer caso, el eje es el honor, y el sexo no pertenece al individuo sino al linaje.
El valor erótico-matrimonial es adscrito, se nace en él.
Belleza y porte se leen como signos de casta, no como logros.
En el segundo caso, que es el clásico modelo burgués, el eje se desplaza al ámbito individual.
Aquí es cuando aparece el amor romántico, ese que hace sufrir tantísimo.En la actualidad, la fidelidad se contractualiza.
Deja de ser norma dada para volverse cláusula negociable entre individuos autónomos.
El éxito del galanteo se vive como logro merecido (soberbia) y el fracaso como culpa personal (humillación).
Por tanto, lo que se presenta como mérito galante (carisma, cuerpo, seguridad, saber presentarse) está en gran parte 'heredado' (clase, capital cultural, azar físico).
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