La diócesis de Madrid suprime las HAM tras un año de intervención por abusos
La Iglesia ha decidido cerrar definitivamente una de las realidades eclesiales que durante las dos últimas décadas había experimentado un crecimiento más rápido entre los jóvenes españoles.
La archidiócesis de Madrid ha decretado este martes la supresión de la Asociación Pública de Fieles Hijas del Amor Misericordioso (HAM) , con lo que cierra un proceso iniciado hace más de un año cuando se hicieron públicas las denuncias de especial gravedad contra el funcionamiento interno del grupo y contra quien ejercía como su superiora, María Milagrosa Pérez Caballero, conocida como Marimí, que ya había sido apartada en julio de 2025.En el decreto hecho público este martes, la archidiócesis explica que la medida se adopta «tras un prolongado y doloroso proceso de discernimiento eclesial» y después de constatar, tras un año de intervención extraordinaria, «la inviabilidad de la continuidad de la asociación en las condiciones requeridas».
El comunicado reconstruye el proceso seguido desde Madrid tras la recepción de «diversas denuncias relativas a hechos de especial gravedad» que afectaban a la superiora de la asociación.
Aquellas acusaciones motivaron la intervención del Tribunal de la Rota en España y del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, al tiempo que durante la investigación fueron llegando nuevas denuncias sobre el funcionamiento interno del grupo.En realidad, la denuncia había partido en octubre de 2024 desde la vecina diócesis de Getafe, donde se ubica la conocida como rama masculina de las HAM.
Según explicaba el obispado hace unos meses, «se tuvo noticia de algunos hechos que podían ser penalmente relevantes desde el punto de vista canónico y que afectaban a las Hijas del Amor Misericordioso y también a algún miembro de esta comunidad masculina», por lo que se trasladaron «los hechos denunciados a la diócesis de Madrid», donde estaba inscrita la rama femenina.De hecho, tres meses antes, el 24 de junio de 2024, el arzobispo de Madrid, el cardenal José Cobo, había aprobado los estatutos que reconocían a la Comunidad Hijas del Amor Misericordioso (HAM) como una asociación pública de fieles, una figura jurídica eclesial que el Código de Derecho Canónico prevé para las organizaciones de laicos, aunque algunas entidades eclesiales la utilizan como paso previo a erigirse como instituto para la vida consagrada.
De esta forma, aunque vivían, hacían los votos y se presentaban en público como si fueran monjas, las integrantes de las HAM eran técnicamente laicas consagradas.
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