Crítica de 'Verborrea' (****): En el humor de la juventud perdida
Monólogos, voces que se cruzan, perspectivas que buscan salvar de las ruinas o del deterioro del tiempo la biografía coral de una banda de música punk, y humor, mucho humor, eso es lo que nos ofrece Pablo Remón en 'Verborrea'.
Después de la maravilla que fue 'Vania x Vania', Remón nos ofrece esta farsa con aires de tragicomedia donde la memoria familiar, la de una juventud perdida y, al fondo, la de una España que arrastraba la herencia franquista, son sometidas a sus contradicciones, sus mentiras y, finalmente, su búsqueda de un sentido.
La historia se centra principalmente en dos hermanos, Segis y Kike, en la figura fantasmal de un padre severo y adepto a Franco, y en las confesiones de los demás miembros de la banda.
Estructurada como un puzle, todo es un juego de identidades, un acopio de relatos, de versiones, un planteamiento irónico sobre el paraíso de la infancia en un poblado del Valle de los Caídos, la rebeldía, el nihilismo y la marginalidad frente al sistema.'Verborrea' Texto y Dirección Pablo Remón Interpretación Javier Cámara, Israel Elejalde, Marta Nieto, Emilio Tomé Escenografía Monica Boromello Iluminación David Picazo Diseño de Vestuario Ana López Cobos y Sara Sánchez de la Morena Espacio Sonoro Sandra Vicente Lugar Nave 10, Matadero / Sala Max Aub Remón huye de un argumento lineal para introducirnos en un delirio años 80-90.
La mezcla de humorismo y existencialismo es explosiva, desternillante y melancólica, tan cruel como divertida.
Lo cómico juega con el humor negro, con lo cutre, con el disparate y con la caricatura, y se convierte en el mejor recurso para caracterizar a todos estos donnadies.
Es uno de los grandes aciertos, como lo es también el uso de diferentes registros de lenguaje (toda esta verborrea) para retratar no solo a cada uno de los personajes, sino también a cada una de las épocas por las que transita la obra.
Aquí está el lenguaje severo de la dictadura, la jerga ochentera, el acento murciano o el tono comercial de nuestros días.
Con una escenografía muy simbólica (una caravana arrollada por la riada, llena de los barros de la vida), la obra se sostiene en unas interpretaciones realmente excelentes.
Javier Cámara está en ese momento en que todo lo que toca lo convierte en magistral, un digno heredero de nuestra mejor tradición cómica, esa que combina el humor y el desconcierto vital.
Marta Nieto desarrolla un portentoso dominio técnico, como le ocurre a Israel Elejalde (Segismundo Tóxico) con su disparatado periplo biográfico, y a Emilio Tomé , tanto al interpretar al padre como a ese Juanito que nos entrega una de las escenas más emotivas de la obra.
Un verdadero festín interpretativo.
En 'Verborrea' las imperfecciones forman parte de su encanto, de su enorme encanto y de su fuerza dramática.
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