Toledo, solar hispano
En estos días de eclosiones culturales múltiples, que más que de otoño inmaduro parecen de verano resiliente, –se debe decir así, ¿no?–, la programación municipal para estos fastos de 'Las noches del Patrimonio' nos ha deparado una extraordinaria reposición de la zarzuela 'El huésped del Sevillano', en el primer centenario de su estreno, (3 de diciembre de 1926), en el madrileño Teatro Apolo, obra de nuestro muy afamado paisano ajofrinero Jacinto Guerrero.
A pesar de las limitaciones del escenario, forillos y camerinos, la representación llevada a cabo por la compañía de Dolores Marco es una de las mejores que he visto en mi ya larga trayectoria de zarzuelófilo.
Formidables tanto la orquesta como solistas y coro.
En todo caso, la obligada carencia de estos elementos de la puesta en escena estaba de sobra suplida con excelencia por ese gran cuadro escénico que ha resultado ser el flamante, casi recién estrenado y ya con denominación propia, Paseo Imperial.
No podría suponer el imaginario 'huésped del Sevillano' que, pasados unos siglos, habría de encontrar un más fastuoso marco en alguna de sus llegadas a Toledo. ¿Desde Esquivias? ¿Desde Sevilla, tal vez? ¿Quizá desde Valladolid? Daba igual.
En un mesón de la 'peñascosa pesadumbre' toledana, una 'ilustre fregona' le esperaba para que contara la historia de sus amores.
Fuera o no Cervantes el autor de una exaltada cuarteta de sana pasión toledana, lo cierto es que los libretistas de la zarzuela, Enrique Reoyo y Juan Ignacio Luca de Tena, incorporaron en esos cuatro versos la exacta medida de un mensaje identitario. «Toledo, solar hispano/crisol de la raza ibera/ ¡dichoso aquel que naciera/ español y toledano!» Cuando solitario el actor en medio de la escena, abstraído ya de la trama argumental, en un bien medido efecto de luminotecnia, los cuatro versos fueron recitados con parsimonia solemne, todo el público que abarrotaba el recito habilitado en el Paseo Imperial estalló en una entusiasta ovación .
Faltaría más.
Era todo un 'chute' de patriotismo toledano.
Bienvenido sea que, frente a tanto aquelarre de odio sectario y quema-banderas, buena falta nos hace.
Pero para mí, a aquello de 'solar hispano' hace tiempo que le había dado otro alcance.
Lo de 'solar' como espacio físico me resultaba muy sugerente.
Lo de 'hispano', del Toletum de la Hispania romana, iba de suyo.
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