La normalidad de ahogarse en España
En la interminable anomalía de Ceuta se lamentó mucho el número de personas ahogadas que habían tratado de alcanzar a nado (o a lo que fuera) la ciudad española, el Tarajal.
Eso fue al principio.
También resulta más fácil lamentarse por los muertos (si es una joven jugadora de fútbol, todavía más) que por los vivos, que causan más incomodidad y miedo por las calles que los zombis de las películas.
En el cementerio de Sidi Mbarek, de titularidad municipal, ha habido unos diez enterramientos diarios.
Poco a poco, que había que hacer autopsias y tomar muestras de ADN por si se reclaman los cuerpos.
No es extraño enterrar ahogados allí, lo extraño es enterrar a tantos. «Nadie se acostumbra a esto», decía uno de los trabajadores.
Los cuerpos orientados a La Meca.
Sin ataúd.
Enterramientos musulmanes.
Lo de Ceuta es una anomalía que requiere explicaciones que no sabemos si nuestro máximo gobernante nos dará.
Quizá se vaya a hacer un Pepe Isbert: «Como presidente vuestro que soy, os debo una explicación.
Y esa explicación os la voy a pagar».
Y como la elocuencia será la del obtuso politiqués, llegarán un Manolo Morán (o él mismo también se hará un Manolo Morán): «La explicación es innecesaria porque sois inteligentes y despejados».
Y a otra cosa.
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