La Coruña desentierra la historia de un puerto que comerciaba con vidas humanas
Durante siglos, el puerto ha sido una de las grandes puertas de entrada y salida de La Coruña al mundo.
Por allí circularon mercancías, capitales y personas, alimentando el crecimiento de una ciudad volcada hacia el Atlántico.
Pero ese relato de prosperidad tiene también una cara menos visible y que no resulta agradable de recordar.
La exposición 'A Coruña, porto negreiro', retirada este mes tras su paso por la ciudad, precisamente ha puesto el foco en las conexiones coruñesas con el tráfico transatlántico de personas esclavizadas y en las huellas que quedan de aquel sistema colonial.La muestra, parte del proyecto 'A Coruña entre Memorias: Historia, Colonialismo e Identidade', dirigido por Zinthia Álvarez Palomino y Cristina Botana Iglesias, nació con la voluntad de sacar de los ámbitos académicos investigaciones que desde hace años ambas estudian: la presencia y el impacto del comercio de personas negras en la historia local.
Documentos, mapas e imágenes comprendidos entre los siglos XVI y XIX sirvieron como medio para reconstruir rutas comerciales, vínculos personales y los espacios de la ciudad en los que se desarrollaba aquella actividad.Un recorrido que se ubicó en el Espazo de Intervención Cultural NORMAL de la UDC y que del 24 de abril al 15 de septiembre ha invitado a ver con otros ojos los espacios por los que hoy uno puede pasearse.
Porque, más allá de localizar barcos o reconstruir movimientos comerciales, buscó relacionar aquella economía colonial con el crecimiento de la propia urbe y trasladar la pregunta de qué parte del progreso que ha experimentado llegó a caballo de sistemas de explotación y vulneración de derechos que durante cientos de años han quedado fuera del relato dominante.
Para ello, dos cartografías históricas permitieron representar redes, infraestructuras y lugares vinculados a la trata y observar sobre el plano una historia que no siempre resulta evidente cuando se recorre hoy la ciudad herculina.Un visitante en la muestra.
CEDIDAPorque las huellas, según plantea la exposición, no son solo documentales.
Algunas serían visibles en la arquitectura, el urbanismo o la economía de la ciudad; otras permanecerían en terrenos más difíciles de rastrear, como los imaginarios sociales, los prejuicios raciales o determinadas desigualdades heredadas.
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