Rey y ¿santo?
De madrugada, otra vez de madrugada.
Son las mismas horas en las que las raíces de las que ahora brota esta nueva vida salen al encuentro de sus pilares devocionales, poniendo la Esperanza en la Cruz de la Verdad.
No podía existir otro cielo para volver a escribir la historia más bonita del mundo, aquella en la que un río de amor se desborda sobrepasando las orillas del dolor, la impaciencia, los nervios y la angustia.
La noche ya dibujaba su sombrero sobre la ciudad, cuya oscuridad sólo rompía las sirenas azules de las ambulancias.
Entretanto, los minutos caen a plomo sobre quien espera consciente del desafío que está por venir y sobre quienes esperan la buena nueva.
La naturaleza humana vuelve a mostrar su lado más salvaje a la par que maravilloso, el de la vida que nace de la vida.
Y para ello tienen que darse unos imprescindibles.
A las batallas duras hay que ir con la armadura del amor y la fuerza arrolladora de una madre.
Entre mensajes y mensajes de felicitación se me escapa un pensamiento en voz alta, no es nuevo, pero me reafirmo: es de otra pasta.
Y en mi caso, siempre con una sonrisa.
La materia prima nosotros la sazonamos con la fe en El que no nos abandona.
Un gracias antes que un ruego.
Mi alabanza por permitirme surcar la travesía con la mejor capitana.
También hace falta la entrega sin reloj de quien ejerce su profesión con el uniforme de la empatía y las voz en calma.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.abc.es — el contenido pertenece a ABC.