Desahucios Mínguez
Alguien no hace bien su trabajo en el Gobierno.
Ni en el partido socialista.
Alguien en su sano juicio habría debido calcular el riesgo que suponía elaborar todo un discurso flamígero contra los propietarios de viviendas –después del desahucio de Maricarmen – y su contraste con la declaración de patrimonio de los diputados socialistas.
La muy simple ministra de vivienda llamaba «empresa carroñera» a la propietaria del piso en el que la finada Maricarmen vivía a un precio que no le correspondía, y lo hacía con un desahogo absolutamente suicida.
Bastaba con que alguien cuerdo le advirtiera que eso mismo podría decirse de media bancada socialista al ser sus señorías propietarios de varios inmuebles, como se puede comprobar con un simple vistazo.
Pero o nadie lo hizo, o si lo hizo consideraba que compensaba largamente inflamar la vena del cuello de sus militantes y asumir, a la vez, que cualquiera pudiera sacarles los colores.
Posiblemente sigan pensando lo mismo después de que se haya conocido que la pareja de la portavoz Montse Mínguez es propietaria de una sociedad que atesora más de treinta viviendas.
Lógicamente, quien tiene treinta inmuebles los tiene para dedicarlos al mercado de alquiler y obtener legales beneficios de ello.
En ese proceloso mundo, por cierto, hay que contemplar que algún inquilino no te pague y que debas proceder a liberar tu propiedad para que siga siendo rentable, cosa que, al parecer, le ocurrió en alguna ocasión a este hombre, de nombre Sergi.
O sea, como los carroñeros de Maricarmen pero multiplicado por treinta.
La secretaria general del PSOE en Granada, Raquel Ruz, dispone de 19 viviendas, 19, y también se ha visto cuestionada por lo mismo.
Tengo mis dudas de que los porrroflautas de las plazas exijan dimisiones de ambas por ser grandes tenedores.
O que las Telepedros le dediquen programas monográficos día a día.
Los votantes más cafeteros, que según el CIS del golfo de Tezanos deben alcanzar ya la mayoría absoluta, no observarán en estas contradicciones ningún impedimento para consagrar su voto al sanchismo con tal de evitar la llegada de la ultraderecha y bla, bla, bla; pero al menos alguien con dos dedos de frente tenía que haber previsto que algo así podía suceder: cuando tú tienes a gente con tal número de viviendas no debes arriesgarte de calificar de buitres a quien también las tiene solo porque son de otro partido o simplemente propietarios a los que culpar demagógicamente del problema de la vivienda.
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