La tasa
Hablar de turismo en Sevilla se ha convertido, en ocasiones, en una discusión de trincheras.
Mejor dicho, todo lo que sea contrario a la idea de uno sobre otro utiliza al turismo como arma.
Hay quienes denuncian la saturación del Centro, la presión sobre la vivienda, la transformación de los barrios o la pérdida del comercio tradicional.
Y por otro lado están los que defienden que esta industria, como tal, genera empleo, actividad económica e incluso puede contribuir a rehabilitar el patrimonio y fomentar la seguridad en determinadas zonas.
Lo grave es que no hay debate porque ambas realidades son ciertas y naturalmente antagónicas.
Cara y cruz, mal menor, veneno y antídoto.
No obstante, llevamos años en una lucha estéril que los partidos políticos no saben zanjar.
Y el ciudadano y empresario cuenta la versión de la película según le va.
Las reacciones a algunas noticias publicadas por este periódico esta misma semana demuestran lo lejanas que se encuentran ambas posturas.
Una versaba sobre el proyecto de veladores en la Plaza Nueva -¿quién dice que no puedan ser usados por los sevillanos?-; la otra, la entrevista al dueño de Las Teresas, quien asegura que el barrio de Santa Cruz hace décadas tenía unos edificios menos habitables y unas calles más inseguras.
Puedo estar de acuerdo con la medida del Ayuntamiento y la posición del hostelero, pero también pongo sobre la mesa una cuestión indiscutible.
Aunque fundamental, el turismo no es una fuerza inevitable: es una actividad que puede y debe ser regulada.
La cuestión, por tanto, no debería ser turismo sí o turismo no.
Sevilla seguirá siendo una ciudad turística.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.abc.es — el contenido pertenece a ABC.