El otoño de Sánchez
Sánchez se ha hecho un Fray Luis.
Cuando el ascético autor de 'De los nombres de Cristo' regresó a las aulas de Salamanca cinco años después de ser acusado ante la Inquisición y encarcelado, empezó con aquel apócrifo «Decíamos ayer» dando por ignorado lo sucedido.
Sánchez pasó por Ceuta camino de Lanzarote y decidió que tocaba dictar el regreso a la normalidad y colgar el cartel en la Mareta de 'Do not disturb'.
Desde entonces, según la versión oficial, en Ceuta no sucedía nada extraordinario más allá de los mensajes fachas.
No ha habido un problema de orden público tomando a los ceutíes como rehenes, no ha habido agresiones sexuales diarias sobre todo a menores, no ha habido enfermedades como la sarna con el contagio de funcionarios públicos, no ha habido miedo… Ahora, tras sus prolongadas vacaciones, Sánchez vuelve, se hace un «decíamos ayer» ignorando los veintitantos días desde que se largó a tomar el sol dejando colgados a los ceutíes, y vuelve a la casilla en que habló la «violación de la integridad territorial de España».
Y lógicamente, ahora sí, convoca el Consejo de Seguridad Nacional.Durante veintitantos días ha ignorado su propio balance.
Prefería estar de vacaciones antes que actuar como corresponde al presidente del Gobierno de un país que ha sufrido una agresión.
Los subalternos de su cuadrilla, y en particular Napoleonchu, ya puestos a reinventar la realidad, lanzaban mensajes de gratitud a Marruecos, el país que permitió la agresión y cuyos ministros proclaman el objetivo de hacerse con ese territorio español.
En este clima de suspensión de la realidad, el ministro del Interior veía normalidad, la ministra de Migraciones hablaba de apoyo sin precedentes a Ceuta, la ministra de Sanidad se desentendía de sus competencias, y el ministro de Transporte e Insidias ponían el foco en el rey… Nadie va a sorprenderse a estas alturas del cinismo oceánico del presidente, pero su desahogo aún tiene la capacidad de impresionar.
Pocos episodios comparables a esta fuga.Hay quien fantasea con que Sánchez está superado, sin capacidad ya de actuar.
Claro que resulta tentador imaginar al presidente en la Mareta , estas últimas semanas, como el espadón de 'El otoño del patriarca' en su palacio presidencial rodeado de gallinazos por «los pozos de escombros de la vasta guarida del poder», con la melancolía de la decadencia, «exaltado sin gloria y obedecido sin autoridad» ya anunciándose «el reguero de hojas amarillas de su otoño».
Pero es una ingenuidad.
El otoño de Sánchez no irá así.
Allá quienes quieran creer que el presidente se ha visto superado por los acontecimientos, cuando simplemente decidió ignorarlos para gestionar la crisis a su conveniencia, desentendiéndose con descaro de los ceutíes y de la imagen del país.
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