Casa
Perder la casa, sobre todo cuando en ella se ha vivido mucho tiempo, es lo que más se parece a perder la partida.
No encontrar casa donde guarecerse, cuando uno está tratando de sacar adelante un proyecto vital, es lo que más se asemeja a fracasar sin haber tenido siquiera la oportunidad de intentarlo.
Hay quien pierde y hay quien fracasa por sus malos pasos y sus malas decisiones, pero cuando una sociedad se llena de perdedores y de fracasados es la propia sociedad la que falla.
Que España lo hace en el terreno de la vivienda es una evidencia que nos interpela desde hace ya unos cuantos años.
Que las soluciones se improvisen por la vía del decreto, en tiempo de descuento preelectoral y al calor de un caso llamativo, no solo incita a la fundada sospecha.
Hace temer que el problema, el fracaso, el fallo, continuará.LA CARTA DE LA SEMANA ¿Por qué la he elegido…? Porque la esperanza no está en asestarnos los problemas, sino en afrontarlos juntos.Una prioridad evidenteLa vivienda digna y para todos es una prioridad constitucional.
Y evidente.
La vivienda no es solo casa.
Es también vida; sentimientos.
La explosión del tema de la vivienda, y los desahucios sangrantes, se viene gestando desde hace años.
Mari Carmen fue la gota que colmó el vaso.
En un país democrático, que presume de conquistas y avances sociales, no podemos llegar a situaciones tan aberrantes, en especial en casos de minusvalías o familias vulnerables.
Políticos que no llegan a ningún acuerdo; leyes franquistas discriminatorias con la mujer y leyes del partido socialista y del PP que no atacaron de raíz el problema nos llevaron a una situación límite en la que, como siempre, es el pueblo quien manifiesta su estupor y exige soluciones.
Solo queda que nuestros representantes lleguen a acuerdos válidos de una vez por todas; sin mirar por sus intereses partidistas. | Manolo Romasanta Touza.
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