Teoría de la Victoria
En lo que arde París, el general americano de la OTAN en Europa expone en Varsovia su 'Teoría de la Victoria', naturalmente sobre Rusia, que para los liberalios sería como la Victoria de Samotracia, sólo superada en belleza por el coche de carreras de Marinetti. ¿Por qué en Varsovia? Porque allí hay audiencia: está Sikorski, epígono, o así, del conde Donski, protagonista de la novela 'Graf Donski' de Leopold von Sacher-Masoch (epónimo no consentido del 'masoquismo'), con Rutte haciendo la V que Churchill tomara de la Holanda ocupada, donde la pintaban en las paredes ('vrijheid', 'libertad' en holandés).Estamos ante un general americano del Aire (¡el mito americano de la Fuerza Aérea!), y su invento, resumido, es bien sencillo: si ellos vienen a nosotros, nosotros vamos a ellos, y entonces «Cata, catapum, catalum candela, arza pá arriba polichinela», según fórmula de José Juan Cadenas, dandy, mezcla de Rochefort y Pierre Louis, y corresponsal de ABC en Europa.Cuando Marx y Darwin se creía («con inconcusa fe», según el profesor Nicolás R.
Rico) que «donde hay lucha ha de haber victoria».
Pero, desde hace medio siglo, aparte los codazos por entrar en las listas de las democracias liberales, ¿qué lucha ha habido en Europa? Preguntado Joe Kent, que sabe de guerra algo más que el general de la Teoría, contesta: «Lo veo como una locura.
Me parece una visión estratégica muy inmadura.
Nuestro objetivo es vencer a Rusia.
Vale, ¿y eso qué es? ¿Qué significa?».
Porque hasta ahora ni un solo liberalio belicista, valga la redundancia, nos ha hecho el dibujo de una victoria sobre la primera potencia nuclear del mundo.
Lawrence Wilkerson, ayudante de Collin Powell, recuerda que en los 80 y 90 analizaban todas las simulaciones informáticas de la OTAN, muy superior a la de hoy, contra el Pacto de Varsovia: avanzaban hasta un punto y alguien decía: «Bueno, señor, vamos a usar armas nucleares tácticas y eso indicará a los rusos que se acabó».
Y Powell contestaba: «Si hacemos eso, nos van a hacer volar por los aires.
Olvídalo».De los beneficios de la entrada de Inglaterra en la Gran Guerra tenemos una discusión bastante cómica entre Tucker Carlson y Jacob Rees-Mogg.
Pero la realidad fue bastante chusca: una venada belicista de Churchill, que dijo que la guerra la liquidaría la flota británica en una tarde de batalla en el mar del Norte.
Cuando se olieron la carnicería, recurrieron a un experto, Horacio Kitchener, gobernador de Egipto, para hacerse cargo de la cartera de Guerra, y le pidieron un informe que decía: la guerra no duraría una tarde en el mar del Norte, sino un mínimo de tres años en el continente y requeriría de al menos dos millones de hombres (disponían de ciento cincuenta mil) y el apoyo financiero de todo el imperio británico.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.abc.es — el contenido pertenece a ABC.