La tribu de lo jondo
Al Teatro Central llegan los últimos alaridos remotos de Isla Mágica, gritos de montañas rusas.
También se atisban en el horizonte los rojos parpadeos de la Torre Pelli.
Una brisilla gustosa, símbolo del leve armisticio de la noche, mueve las hojas de los árboles.
Al entrar al recinto se toma distancia con todo lo de fuera, y uno se mete en la atmósfera del flamenco, la que estos días solo tiene un nombre; el de Sevilla.
Y sobre la distancia, sobre lo que nos separa y nos une en el espacio, es sobre lo que venimos a empaparnos a esta cita nocturna de Bienal con José Maya , que presenta 'Lejano' en la Bienal.
Una reflexión hecha espectáculo, una tesis jonda y minimalista acerca de la raíz, de lo que se escapa y de lo que se queda.
En la cafetería se respira ambiente de gran cita, no hay atisbo de lunes en las caras de los congregados alrededor de las cervezas.
Como ocurre con los shows de más renombre, una gran cantidad de extranjeros conforma el público junto a los asistentes locales.
Una de las cosas que habría que revisar de cara a futuras ediciones es lo de la puntualidad.
En las grandes localizaciones rara vez empiezan los espectáculos a su hora, el grueso de la gente comienza a entrar justo a la hora a la que debería iniciarse el certamen.
Un desbarajuste que no tengo claro si es culpa de la organización, que debería cerrar las puertas, o del desahogo del personal.
Con diez minutos de demora se apagaron las luces.
Se hizo una oscuridad completa en el auditorio.
Únicamente se veía sobre el escenario la silueta de un hombre, recortada por la luz tímida de una vela.
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