El 'demonio de Maxwell' aprende un nuevo truco: extraer energía de la información oculta
En 1867, el físico escocés James Clerk Maxwell imaginó a un travieso diablillo encargado de vigilar una pequeña puerta entre dos habitaciones.
En ambas había aire a la misma temperatura, con millones de moléculas moviéndose a velocidades diferentes.
Pero el guardián tiene una habilidad extraordinaria: distingue las moléculas rápidas de las lentas.
De modo que, cuando veía venir una molécula rápida (caliente), le abría la puerta para que pasara a una de las cajas.
Si venía una lenta (fría), la enviaba a la otra.Con el tiempo, y mucha paciencia, el demonio lograba que una caja estuviera hirviendo y la otra helada.
Había creado un gran desequilibrio térmico, capaz de encender un motor, y lo había hecho sin gastar absolutamente nada de energía.
Algo que, sobre el papel, violaba estrepitosamente la sacrosanta Segunda Ley de la Termodinámica, según la cual la entropía de un sistema aislado no puede disminuir espontáneamente.Desde entonces, la criatura imaginada por el físico se conoce como el 'demonio de Maxwell'.
Y durante más de un siglo, su 'hazaña' mantuvo ocupados a científicos del mundo entero. ¿Podía aquél ser diminuto burlar realmente una ley que parecía inviolable?Hoy sabemos que no, que esa paradoja tenía trampa, porque la información, en sí misma, es un recurso físico.
Es decir, el demonio no usaba 'músculos' para alterar el universo, sino datos, pero el mero acto de medir y borrar esa información también consume energía.Motores de informaciónEsta profunda revelación ha inspirado en las últimas décadas la creación de los llamados 'motores de información': máquinas microscópicas que no se alimentan de las diferencias de temperatura como el motor de nuestro coche, sino de información pura.Pero los científicos se toparon con un problema formidable. ¿Qué ocurre cuando nuestro pequeño demonio se vuelve `miope' y parte de la información permanece escondida en el entorno de una partícula y se oculta de su vista?La información no es solo conocimiento: en determinadas condiciones, también es un recurso físico capaz de transformarse en trabajoAhora, un estudio teórico y experimental, publicado en 'Nature Physics', ha demostrado que el demonio de Maxwell puede aprender a usar incluso esa información que no puede ver.
Y no solo eso, sino que también puede aprovecharla para extraer aún más trabajo mecánico.La información como combustibleLa idea tiene una historia larga.
En 1929, el físico Leó Szilárd imaginó una máquina térmica capaz de extraer trabajo a partir de la información sobre una única molécula.
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