Juan Manuel Costa, uno de los hoteleros responsables del envidiado modelo turístico de Formentera
La única vez en su historia que la isla de Formentera (83 kilómetros cuadrados, a unos 35 minutos en ferri de Ibiza, menos de 12.000 habitantes censados) ha tenido algo parecido a un aeropuerto fue durante la Guerra Civil y la posguerra.
En 1936, el ejército sublevado habilitó Estany Pudent (laguna apestosa) como base para el despegue y aterrizaje de hidroaviones.
Dejó de operar en 1953.
Medio siglo después hubo un conato de abrir el debate alrededor de la idoneidad de habilitar un aeródromo para vuelos privados.
La enorme e inmediata oposición vecinal impidió que ni siquiera se llegara a coger un lápiz para diseñar el proyecto.
“Que no tengamos aeropuerto es un filtro para la entrada de turistas , y no creo que se vaya a construir jamás.
Es inconcebible.
Lo digo feliz.
Y mira que soy hostelero”, afirma el empresario Juan Manuel Costa (Formentera, 53 años).
Alcalde de la isla entre 2003 y 2005 por el PP y presidente del gremio de hosteleros de Formentera, Costa es la tercera generación de una estirpe que empezó con su abuelo construyendo en una planta baja de Es Pujols el hotel Tahití, con apenas una docena de habitaciones.
Luego, compró un terreno cercano y puso en marcha los apartamentos Paia.
Hoy su nieto es responsable de 678 plazas hoteleras en la isla, entre ellas las del Five Flowers, único cinco estrellas de Formentera, y es socio de Ses Roques, uno de los locales de copas más icónicos.
Costa representa el éxito empresarial, pero también una conciencia de territorio y arraigo.
Es una de las personas que han ayudado a que, con sus carencias, el modelo de turismo propuesto para la isla sea la envidia de medio mundo.
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