La pandemia de la soledad, una lacra que se ceba con mayores y jóvenes: «Se te quitan las ganas de vivir»
Ana Calero se siente sola desde que murió su marido.
Una soledad que sentía afilada como un cuchillo y que le quitó las ganas de vivir.
O se las quitaba porque ya no se siente así.
O sólo se siente así a ratos, gracias a que pidió socorro y se lo dieron en forma de psicólogos, trabajadores sociales y voluntarios.
Personas del Hospital de San Juan de Dios del Aljarafe que la cuidan, la ayudan, la acompañan y -sobre todo- la escuchan.
Aunque la herida de la soledad se vive como algo personal e intransferible, Ana no es la única persona en España que se siente así, sola.
Uno de cada diez españoles sufre de soledad no deseada (SND), una lacra que no deja de crecer y que empieza a afectar ya a muchos jóvenes.
El último Barómetro de la Soledad No Deseada en España habla de unas 5,5 millones de personas con SND, de los cuales la mayoría tienen entre 25 y los 65 años.
En esas cuatro décadas de vida, uno de cada cinco españoles se siente absolutamente solo, aunque esté rodeado de gente.
Tener personas a tu alrededor no significa necesariamente estar acompañado y la soledad de los jóvenes está creciendo a un ritmo superior al de las personas mayores como Ana.
La vida de esta canaria de 84 años afincada en la localidad sevillana de Bormujos daría seguramente para un libro porque tuvo que emigrar de La Palma, su localidad natal, con sólo 23 años.
Se casó con Alipio por poderes (como Eleanor Parker con Charlton Heston en «Cuando ruge la marabunta»), y cogió un barco (el «Begoña») para reunirse con él en Venezuela y labrarse juntos un futuro mejor.
Muchos canarios hicieron lo mismo que Ana por los años sesenta y setenta del pasado siglo, cuando el país caribeño era el más rico de América Latina y una de las economías más prósperas del mundo, mucho más que España.
Paradojas de la vida, ahora son los venezolanos los que hacen el camino inverso desde su país a Canarias (y otros lugares de España) huyendo de la pobreza y de la inseguridad.Ana quería morir en Venezuela y hasta compró una parcela en un cementerio, pero la situación del país caribeño la hizo volver a España con casi 80 años.
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