Homero contra el canon
En su relación con el pasado, nuestra época está demostrando, por una parte, un aparente desacato que denuncia marginaciones e injusticias y, por otra, una inconsciente sumisión que revela una ceguera con respecto a la verdadera transformación que ha ido sufriendo esa tradición que se pretende revisar e impugnar.
Cada dos por tres, se publican libros y se estrenan películas que intentan sacar a relucir el papel olvidado de las mujeres, los homosexuales o las etnias oprimidas en los grandes clásicos.
Pero la operación a menudo se resuelve en una simplificación que termina por ser más perjudicial que el mal denunciado.
La propaganda –Cervantes era gay, Shakespeare un padre traumatizado – desvía la atención de lo que la obra literaria encierra y puede contarnos gracias justamente al derribo de los límites interpretativos que en su día la pusieron al servicio de una visión tan sesgada y epidérmica como la que ahora se pretende imponer.
Un caso paradigmático y central es el de Homero, de moda esta temporada gracias a la adaptación de Christopher Nolan que muchos han denunciado por superficial y efectista, algo que ha provocado una reacción igualmente esclerótica y que reclama una Odisea canónica de bellos rubios, heterosexuales y cristianos 'avant la lettre'.
Pero la discusión, planteada en esos términos, resulta de una pobreza desoladora a uno y otro extremo.
La verdadera revolución con respecto a la recepción de Homero lleva gestándose, en los estudios helenísticos, desde hace más de un siglo.
A principios del siglo XIX, el nacionalismo desatado por las guerras napoleónicas sofocó lo que había sido el incipiente estudio comparado de Homero y las restantes epopeyas orientales.
Homero se instituyó entonces como el gran estandarte de una identidad germánico-protestante que se quería segregar netamente de la tradición semítica del Antiguo Testamento.
El autor de 'La Ilíada' y 'La Odisea' se convirtió así en el padre de una Europa que empezaba en la batalla de Salamina, de espaldas a cualquier influencia foránea.'Gilgamesh' puso de manifiesto hasta qué punto lo que habíamos llamado Homero era en realidad una tradición oral Pero al mismo tiempo, la arqueología, la paleografía y la antropología empezaron a descubrir un mundo mucho más remoto y complejo, mestizo y bastardo , que evidenciaba una imaginación porosa y promiscua, hecha de préstamos e inexplicables coincidencias que poco a poco difuminaron los rasgos del busto de Homero que la cultura occidental había entronizado en su museo.
En 1884 se publicaron el 'Gilgamesh' y la 'Catábasis' de Ishtar.
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