La «amnesia» de Gran Bretaña: un imperio construido sobre el dinero de la droga
La principal motivación de Julia Lovell (Carlisle, 1975) para escribir 'La Guerra del Opio' (Desperta Ferro) fue, asegura, la «amnesia colectiva» que padecen sus compatriotas respecto a este «vergonzoso e infame» episodio de su pasado. «No podemos olvidar –recuerda la historiadora e investigadora del British Museum– que el imperio de la Gran Bretaña victoriana se expandió de modo prodigioso durante el siglo XIX, mientras se enorgullecía de su superioridad cristiana sobre aquellos a los que conquistaba, y, sin embargo, buena parte de esa opulenta potencia global se construyó sobre el dinero de la droga».
Todo comenzó en la segunda mitad del siglo XVIII, cuando los británicos se hicieron con el control de Bengala y establecieron un monopolio sobre la producción de opio .
Para lograrlo, exigieron a los campesinos indios firmar contratos que los obligaban a cultivar las amapolas.
Una vez lista la cosecha, extraían la savia cruda de la planta, la procesaban en sus propias fábricas, empacaban el producto en cajas de madera de mango y lo enviaban a China sin ninguna restricción.
Pronto se dieron cuenta de que obtenían un margen de beneficio sin precedentes.A los nuevos comerciantes no les importaron lo más mínimo los estragos que esa droga pudiera causar en la población del gigante asiático, que alcanzaba ya 300 millones de habitantes.
La producción aumentaba y el producto se vendía a raudales en el imperio de la dinastía Qing, el más grande e importante del planeta en ese momento. «A comienzos del siglo XIX, China estaba ya muy preocupada por el alto número de fumadores de opio.
Temía que esa adicción desintegrara la sociedad, corrompiera al ejército y agotara el dinero.
En 1838, el emperador Daoguang prohibió su comercio e inició una dura campaña de persecución contra vendedores y consumidores que continuó, de forma intermitente, hasta que la República Popular China acabó definitivamente con el opio en la década de 1950», asegura Lovell a ABC.
Gracias a este contrabando, Gran Bretaña logró revertir el grave déficit comercial que arrastraba desde 1780 y que lastraba a todo el imperio.
Durante años, el Ejecutivo chino había abastecido sin problema la alta demanda de té de los ingleses, pero solo a cambio de plata.
A cambio, no quería ningún producto extranjero y, por lo tanto, los beneficios de la Compañía Británica de las Indias Orientales no compensaban los gastos.
La balanza comercial se hundió y la deuda alcanzó los 28 millones de libras.
Entonces, apareció el opio. «Fue muy importante para la economía del Imperio británico porque consiguió revertir la tendencia de la gran cantidad de riqueza que salía de Europa y entraba en China sin retorno.
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